Aunque la campana extractora sea un electrodoméstico que utilizamos a diario, su limpieza suele quedar relegada al fondo de las tareas del hogar debido a la dificultad que implica deshacerse de la grasa incrustada. Sin embargo, mantenerla impecable ya no requiere recurrir a costosos productos ni invertir horas de esfuerzo físico.
Para solucionar este problema de forma práctica y económica, expertas en orden y limpieza han compartido en redes sociales sus métodos infalibles utilizando ingredientes cotidianos. Gracias al poder del bicarbonato de sodio y el limón, es posible disolver la suciedad más difícil y devolverle el brillo original a tu cocina en pocos pasos.
¿Cuáles son los beneficios del bicarbonato en la limpieza del hogar?
El bicarbonato de sodio es un aliado indispensable para la limpieza del hogar gracias a su potente acción desengrasante, desodorizante y blanqueadora. Su textura suave permite arrancar la suciedad más incrustada en superficies difíciles, como hornos y campanas extractoras, sin dañar ni rayar los materiales.
Además, neutraliza eficazmente los malos olores en diversos espacios y ayuda a recuperar el blanco original en juntas o tejidos. Al tratarse de un producto natural y ecológico, permite desinfectar de forma segura, evitando el uso de químicos agresivos y protegiendo el medio ambiente doméstico.
¿Cómo limpiar la campana extractora de la cocina?
Para limpiar la campana extractora a fondo y eliminar la grasa incrustada de manera práctica, el procedimiento se divide en dos partes fundamentales: el mantenimiento de los filtros y la desinfección del interior.
Primero, desmonta los filtros extraíbles y sumérgelos en un recipiente con agua muy caliente, una taza de bicarbonato de sodio y un buen chorro de vinagre de limpieza. Deja que la mezcla actúe para ablandar los residuos, frota suavemente con una esponja no abrasiva y enjuaga antes de secar por completo.
Segundo, para limpiar el cuerpo y el interior del electrodoméstico sin esfuerzo, coloca dos ollas con agua, una taza de bicarbonato y el jugo de medio limón debajo de la campana. Enciende el extractor a potencia media y deja que el vapor caliente actúe durante una hora para disolver la grasa acumulada. Finalmente, apaga el aparato, deja que se enfríe y retira los restos con una bayeta húmeda para terminar secando todas las superficies.