Mantener los músculos suele ser uno de los grandes objetivos de quienes entrenan para llegar en mejores condiciones a la vejez. Sin embargo, conservar su tamaño no permite conocer por completo cómo están funcionando. Hay cambios que pueden pasar desapercibidos y afectar actividades tan cotidianas como levantarse de una silla.
José López Chicharro aborda esta diferencia en una publicación de Fisiología del Ejercicio. El experto explica que la grasa acumulada dentro del músculo puede aportar información sobre su salud que no se obtiene únicamente al medir la masa muscular. Su análisis recoge una revisión científica publicada en Journal of Cachexia, Sarcopenia and Muscle.
¿Por qué tener masa muscular no garantiza conservar la fuerza?
La cantidad de músculo y la fuerza están relacionadas, pero no son equivalentes. Una persona puede conservar tejido muscular y presentar una infiltración grasa asociada con menor capacidad para producir fuerza, potencia y movimiento.

Este fenómeno, conocido como mioesteatosis, ayuda a explicar parte del deterioro funcional que aparece con el envejecimiento. Por eso, evaluar la salud muscular requiere observar tanto su composición como su rendimiento.
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Un estudio ofrece un ejemplo concreto. La investigación Health ABC siguió durante tres años a 1,880 adultos mayores y encontró que la fuerza de las piernas disminuía aproximadamente tres veces más rápido que su masa magra.
Las pérdidas anuales de fuerza oscilaron entre 2.6% y 4.1%, según el grupo analizado, mientras que la masa magra de las piernas descendió cerca de 1%. Incluso mantener o aumentar esta última no estuvo acompañado necesariamente de conservar la fuerza. Son resultados de esa población, no porcentajes aplicables a todas las personas.
¿Toda la grasa dentro del músculo es perjudicial?
La respuesta requiere un matiz. Algunos lípidos almacenados dentro de las fibras musculares sirven como reserva energética durante el ejercicio.
Los deportistas de resistencia pueden presentar cantidades elevadas de estas reservas y, al mismo tiempo, buena sensibilidad a la insulina. Esta situación se conoce como la “paradoja del atleta”.
Por lo tanto, encontrar grasa muscular no significa automáticamente que exista una enfermedad. Su localización, composición y utilización también influyen en la interpretación.








