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La guerra de la que pocos hablan: Sudán lleva 3 años de conflicto; mujeres y niños pagan el precio más alto

A tres años de la guerra en Sudán, mujeres y niños enfrentan una crisis humanitaria sin precedentes. Conoce la desgarradora realidad de este conflicto.

MATERIAL SENSIBLE. ESTA IMAGEN PUEDE RESULTAR OFENSIVA O PERTURBADORA. Saddam Najwa, un niño desplazado interno de 17 meses y desnutrido, toma un vaso de agua en la sala de pediatría del Hospital Madre de la Misericordia en Gidel, cerca de Kauda, ​​dentro del área controlada por el Movimiento de Liberación Popular del Norte de Sudán (SPLM-N) en las montañas Nuba, Kordofán del Sur, Sudán , 25 de junio de 2024.
La violencia sexual como arma y la desnutrición infantil en Sudán alcanzan niveles letales por la guerra | Reuters

Este 15 de abril se cumplen tres años desde que el caos se apoderó de las calles, pero hoy, la guerra en Sudán tiene un rostro claro y desgarrador: el de las mujeres y los niños que, injustamente, pagan el precio más alto de este conflicto armado.

En un escenario que ha escalado hasta convertirse en la mayor crisis humanitaria en Sudán y del planeta, 34 millones de personas necesitan asistencia con urgencia para poder sobrevivir. No se trata de una simple disputa por el poder político, sino de una tragedia diaria donde el tejido mismo de la nación se erosiona, dejando a los más vulnerables en el centro de la masacre.

Violencia sexual y niñez robada: el foco de la emergencia

Para las mujeres y niñas sudanesas, el terror es sistemático y constante. La violencia sexual como arma de guerra se ha consolidado como una estrategia brutal en los últimos años. Según reportes internacionales recientes, las personas que requieren apoyo urgente tras sufrir violencia sexual se han cuadruplicado, enfrentando abusos atroces particularmente en regiones como Darfur y Kordofan. Esta macabra táctica no solo lastima los cuerpos, sino que tiene el oscuro propósito de desintegrar comunidades enteras desde su núcleo.

A la par, el panorama para los más pequeños es simplemente devastador. Datos de la Unicef revelan que, tan solo en el primer trimestre de este 2026, 160 menores fueron asesinados y 85 resultaron mutilados, lo que representa un alarmante repunte del 50% en comparación con el mismo periodo del año pasado. La brutalidad ha aumentado, y hoy el 78% de estas muertes infantiles son consecuencia directa de ataques con drones.

A esta violencia contra la infancia se suma el hambre: la desnutrición infantil aguda golpea a 4.2 millones de niños, mientras las enfermedades acechan. Además, más de cinco millones de menores han sido desplazados de sus hogares, y ocho millones han quedado completamente fuera del sistema educativo.

El colapso total: la agonía del sistema de salud y la economía

La guerra en Sudán no solo aniquila el presente de sus familias, sino que condena su futuro. Detrás de la emergencia inmediata que sufren mujeres y niños, existe un colapso estructural absoluto. La crisis sanitaria es innegable: el 37% de los hospitales no funcionan y se han documentado 217 ataques contra clínicas y hospitales, dejando brotes de cólera, sarampión y polio sin control.

En el frente financiero, el país se desmorona. Sudán perdió 6 mil 400 millones de dólares de su PIB en un solo año, y el poder adquisitivo ha retrocedido a niveles de 1992. De no frenarse, la pobreza extrema atrapará al 60% de la población (52 millones de personas) para el 2030.

El desplazamiento masivo ya suma casi nueve millones de refugiados internos y 4.5 millones en países vecinos, generando una enorme presión internacional.

Ante esta abrumadora realidad, los recursos de ayuda son insuficientes y la brecha financiera se está midiendo en vidas perdidas.

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