La Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat) informó recientemente sobre la detección de un contagio de Gusano Barrenador del Ganado en un espécimen de mono saraguato, marcando un hito preocupante en los registros de sanidad animal de la región. El hallazgo tuvo lugar el pasado 3 de diciembre de 2025 en el municipio de Palenque, dentro del estado de Chiapas, donde se localizó al ejemplar con heridas evidentes.
Detectan contagio de gusano barrenador en un mono saraguato en Chiapas
Tras el descubrimiento, se observó que el primate presentaba lesiones cutáneas compatibles con un cuadro de miasis localizado en su brazo izquierdo. Ante esta situación, se procedió a informar al Servicio Nacional de Sanidad, Inocuidad y Calidad Agroalimentaria (Senasica) para que realizara los análisis pertinentes sobre los organismos larvales presentes en la herida.
Los resultados de laboratorio ratificaron que se trataba efectivamente de una infestación por Gusano Barrenador del Ganado . Lamentablemente, a pesar de los esfuerzos de seguimiento, el informe oficial señala que el animal, cuya edad se calculaba en cerca de cinco años, perdió la vida como consecuencia directa del daño provocado por las lesiones.
La infestación gusano barrenador provoca lesiones graves
Esta condición sanitaria, vinculada a la larva de la mosca conocida científicamente como Cochliomyia hominivorax, se caracteriza por ser una plaga que ataca directamente el tejido vivo de diversos mamíferos y, en situaciones menos frecuentes, puede llegar a afectar a las aves.
El proceso biológico de este parásito comienza cuando la mosca adulta deposita sus huevos en cualquier lesión superficial que presente el animal. En un lapso sumamente breve, que oscila entre las 12 y las 24 horas, las larvas emergen y comienzan a alimentarse de la musculatura y piel del huésped durante un periodo de cuatro a ocho días, provocando deterioros físicos de extrema gravedad.
¿Cómo detectar la presencia del gusano barrenador en el ganado?
La vigilancia epidemiológica resulta fundamental para identificar este problema, especialmente en el sector pecuario. La detección temprana se basa en observar cualquier tipo de infestación en aperturas dérmicas, incluso aquellas tan diminutas como las dejadas por la succión de garrapatas.
Asimismo, se debe prestar especial atención a las cicatrices derivadas de procesos de manejo animal, tales como el descorne o la castración, así como en los ombligos de las crías recién nacidas. Otras zonas críticas de inspección son las áreas genitales y perineales de las hembras.
El comportamiento de los animales afectados suele sufrir variaciones notables que sirven de alerta para los cuidadores. Un individuo infectado generalmente opta por el aislamiento, apartándose de su grupo social habitual. Además, es común observar cuadros de desánimo profundo, rechazo al alimento y una evidente incomodidad o dolor en la zona de la herida.
La progresión de esta enfermedad es veloz y letal; de no recibir el tratamiento adecuado, el deceso del animal suele ocurrir en un intervalo de una a dos semanas tras la infección inicial, derivado de la acumulación de toxinas en el organismo o por la aparición de complicaciones infecciosas adicionales que comprometen la vida del huésped.
