Cómo, cuándo y dónde informarse. Eso lo decide el mexicano. El ciudadano es libre de decidir él o los medios de comunicación que quiere ver, escuchar y leer. No le toca a ninguna alta autoridad del Estado mexicano recomendar o no recomendar a la población qué ver. Esto es muy delicado en el contexto de una sociedad que aspira a ser democrática, sí, porque donde existe censura no hay democracia. La represión no cabe en una sociedad libre.
La jefa del Estado mexicano tiene un deber de neutralidad frente a los contenidos. Y no lo decimos nosotros: desde el Artículo 19, lo ha dicho la Suprema Corte, lo ha dicho la Corte Interamericana de Derechos Humanos, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos también. Ese es el deber ser.
El uso del aparato estatal para silenciar a la disidencia
El Gobierno tendría que ser imparcial, pero hoy la realidad que México padece es la del autoritarismo ejercido por Morena, en específico contra medios de comunicación y periodistas, y en general, voces críticas, voces disidentes, pues para callarlas, para censurarlas, para inhibirlas. Y no solo a ellas, sino a toda aquella persona que se quiera aproximar de manera crítica al ejercicio de gobierno. Esto es muy preocupante.
De este lado, una agresión directa al periodismo, a la libertad de expresión; del otro, un ataque a su derecho como audiencia de elegir. Esto no es un tema de izquierda o derecha. Esto es un tema de democracia o de autoritarismo, y vamos viendo cómo los gobiernos más o menos autoritarios se parecen mucho.
Tienen una narrativa estigmatizante contra la prensa. Hay persecución judicial contra voces disidentes. Azteca Noticias incomoda porque denuncia, porque con pruebas dice la verdad, porque ha sido, es y seguirá siendo la voz crítica que no se calla.