El apodo que la ciudadanía ha impuesto a un cauce de aguas residuales en el Estado de México no es gratuito. El bautizado como “Canal de la Muerte” se ha convertido en un depósito recurrente de restos humanos, donde se han recuperado desde torsos y extremidades hasta cuerpos de recién nacidos.
Este afluente de desechos es señalado por los habitantes y agrupaciones de búsqueda como un punto crítico debido a la frecuencia con la que emergen evidencias de violencia extrema.
Ecatepec y el Valle de México: El recorrido de las aguas fétidas en el Canal de Cartagena
Desde el año 2018 y hasta la fecha actual, una colectiva dedicada a la localización de personas ha logrado extraer 20 fragmentos humanos de las corrientes de aguas negras en el municipio de Ecatepec. De ese total, 12 hallazgos se concentran específicamente en el Canal de Cartagena.
Tan solo durante el año anterior, en ese mismo sitio se detectaron 11 restos, cifra a la que se sumó el hallazgo número 12 correspondiente al cadáver completo de una mujer. Las condiciones de abandono del lugar lo vuelven un escenario propicio para la ejecución de actividades delictivas, pero también en un punto de esperanza para quienes buscan a sus familiares ausentes.
Los testimonios de quienes han residido en la zona por más de 26 años refuerzan la magnitud de la tragedia. Un vecino de Ecatepec estima que, en ese lapso, ha tenido conocimiento de entre 30 y 40 cadáveres arrojados al cauce. Relata que él mismo fue testigo directo del abandono de por lo menos 4 cuerpos.
Estas aguas recorren diversos municipios del Valle de México, pasando por Coacalco y Tultitlán, arrastrando desperdicios que terminan acumulándose en un puente ubicado entre las colonias Luis Donaldo Colosio y Golondrinas. En ese punto, el ambiente se impregna de un hedor fétido constante, mientras restos humanos atrapados en bolsas de plástico negro se vuelven alimento para la fauna callejera.
Patrones de violencia: La sospecha de un modus operandi profesional
La naturaleza de los restos encontrados ha encendido las alarmas de los grupos de buscadores. En su mayoría, se trata de piezas anatómicas con incisiones de una precisión técnica notable.
Los colectivos de padres y madres que rastrean a sus hijos señalan que el patrón de los cortes parece profesional, lo que sugiere un mismo modo de operar. Esta situación ha llevado a exigir que la fiscalía investigue la posibilidad de que un asesino serial esté detrás de estos crímenes. A pesar de que la zona cuenta con cámaras de vigilancia, los residentes denuncian que los dispositivos parecen no funcionar, facilitando el silencio y la impunidad.
Omisión institucional ante la crisis de desaparecidos en el canal
Finalmente, existe una fuerte crítica hacia el actuar de las autoridades. Se ha reportado que se intentó prohibir a testigos informar a las madres buscadoras sobre lo que ocurría en el canal.
Además, se denuncia que la fiscalía incumple con su deber de transparentar los hallazgos o contactar a quienes tienen familiares desaparecidos para realizar los cotejos genéticos correspondientes, a pesar de contar con las pruebas de sangre necesarias.