Lo que comenzó hace décadas como un pacto de asistencia mutua para el desarrollo de tecnología atómica con objetivos pacíficos se ha transformado en una inquietud que alcanza dimensiones internacionales.
La historia de este conflicto se remonta a 1957, año en el que las administraciones de Irán y Estados Unidos establecieron un convenio que otorgaba al territorio iraní la posibilidad de emplear recursos nucleares bajo un esquema estrictamente civil.
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El desarrollo nuclear iraní ha generado tensiones internacionales desde 1957
Durante 20 años, la relación entre ambas naciones experimentó un robustecimiento notable, al grado de que el gobierno estadounidense suministró a Teherán un dispositivo de investigación nuclear y colaboró activamente en la instrucción técnica de sus primeros grupos de especialistas en la materia. No obstante, este periodo de trabajo conjunto finalizó de manera abrupta en 1979 debido al surgimiento del movimiento revolucionario islámico.
Tras un tiempo de inactividad, el sistema de gobierno que tomó el poder resolvió retomar el ambicioso proyecto nuclear de forma confidencial. La preocupación de la comunidad internacional se intensificó al detectarse la existencia de dos centros que presumiblemente facilitarían a Irán la recolección de materiales como plutonio y uranio con el fin de manufacturar armamento de destrucción masiva, a pesar de que las autoridades iraníes negaron sistemáticamente tales intenciones.
Irán ha ignorado las advertencias sobre su enriquecimiento de uranio
Ante la falta de argumentos convincentes por parte del régimen iraní, las consecuencias no se hicieron esperar. Organizaciones como la ONU, además de la Unión Europea y Estados Unidos, implementaron castigos económicos severos. Esta coacción externa forzó a Irán en 2015 a suscribir un tratado con diversas naciones poderosas, denominado plan de acción integral conjunto.
Mediante este pacto, Teherán se comprometía a limitar sus actividades nucleares a cambio de una reducción en las penalizaciones impuestas. Dicho esquema funcionó hasta 2018, momento en el que Donald Trump, durante su gestión inicial, decidió abandonar el compromiso tras señalar que Irán no estaba respetando lo estipulado.
El transcurso de los pasados 8 años ha estado marcado por una inestabilidad constante. Irán persistió en sus labores de acumulación de uranio ignorando las amonestaciones de diversos países.
Las acciones militares de EU e Israel han llevado a Irán a retomar diálogos indirectos
Pese a que el gobierno iraní reiteró que su meta no era la producción de armamento bélico, sus depósitos de uranio alcanzaron niveles superiores al 60%. Con el retorno de Donald Trump a la presidencia, su equipo de trabajo manifestó una postura firme orientada a la desarticulación absoluta de toda la infraestructura nuclear iraní.
A pesar de que la administración de Trump intentó establecer contacto con el régimen islámico mediante diversos exhortos, estos fueron desatendidos. Como respuesta, fuerzas de Estados Unidos e Israel realizaron incursiones contra las plantas nucleares en junio del año previo.
A raíz de estas acciones de carácter militar, Irán retomó los diálogos de manera indirecta con la Unión Americana, aunque estos encuentros no han derivado en resoluciones definitivas. En la actualidad, Trump ha advertido nuevamente sobre el uso de la fuerza armada si no se concreta un pacto novedoso que garantice la suspensión total y definitiva del desarrollo nuclear en esa nación.