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El gallo de pelea: La identidad y tradición en Aguascalientes

Más que un combate, es identidad. Descubre cómo las peleas de gallos pasaron de ser una regulación colonial a convertirse en el “segundo himno” y motor económico de Aguascalientes.

En la sección Nuestro México de Hechos con los Ruiz Lara, hoy nos adentramos a las peleas de gallos en Aguascalientes, las cuales no son un vestigio estático del pasado, sino una práctica cultural viva que late con fuerza en el presente.

Lo que para algunos es historia, para el estado es una herencia que define su identidad social y emocional, consolidada a través de los siglos.

De Asia al Jardín de San Marcos: Una herencia de tres siglos

Aunque sus orígenes se remontan a Asia, esta práctica llegó a tierras mexicanas con la colonización española. En Aguascalientes, su integración formal comenzó tras su regulación en 1729, pero no fue sino hasta 1841 cuando se establecieron como un componente inseparable de las Fiestas de San Marcos.

Durante el siglo XIX y el Porfiriato, la actividad se profesionalizó. El crecimiento de los palenques junto al emblemático Jardín de San Marcos —impulsado por permisos pagados que financiaban parte de la vida pública— permitió que la figura del gallo trascendiera el ruedo para transformarse en un símbolo del pueblo hidrocálido.

Tradición y mística del palenque

La relevancia de esta tradición quedó inmortalizada en la cultura popular en 1945. Según explica Vicente Agustín Esparza, investigador del Centro INAH Aguascalientes, fue en ese año cuando el compositor Juan Santiago Garrido estrenó la canción “Pelea de gallos en la Feria de San Marcos”. Esta pieza, que narra la emoción de la jugada y las “tapadas”, es considerada hoy el segundo himno de Aguascalientes.

Una herencia que se lleva en la sangre

Más allá de la historia oficial, la “cultura gallera” sobrevive gracias a la transmisión oral y familiar. Para los protagonistas, como el gallero Ernesto Atilano, no se trata de un simple espectáculo, sino de una tradición familiar heredada de su abuelo.

En el ruedo se mantienen códigos de honor y una organización que evoca emociones profundas:

  • El sentimiento del amarrador: “Estás en el palenque... y más cuando estás en el ruedo y vas a amarrar tu gallo, se siente muy bonito”, comparte Fernando Atilano.
  • El orgullo del criador: En el momento del combate, la adrenalina y la pasión hacen que el gallero se sienta “tan grande que no cabe en sí mismo”, como describe Francisco Ernesto.

Sustento e identidad

Hoy en día, la crianza de gallos de combate es un oficio de “patio y colmillo” que representa el sustento de miles de familias. Es una industria artesanal que le pone rostro al estado y confirma que el gallo y su gente son una misma unidad.

La pasión que nace en el criadero y culmina en el ruedo demuestra que la cultura gallera no es un recuerdo, es la identidad vibrante que, al grito de "¡Viva Aguascalientes!”, sigue definiendo el alma de todo un estado.

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