A 250 años de la Independencia de Estados Unidos, la composición de su población refleja una gran transformación demográfica y cultural, producto de la migración; este fenómeno ha redefinido una y otra vez lo que significa ser estadounidense.
Hablamos de una nación formada inicialmente por colonos europeos, pueblos originarios y esclavos africanos, que con el paso de los años se convirtió en un país marcado por sucesivas olas migratorias provenientes de Europa, Asia, América Latina, África y Medio Oriente.
Esta diversidad se consolidó durante el siglo XX con el crecimiento de las comunidades hispanas y asiáticas, por lo que esa pluralidad en la actualidad forma parte de la vida cotidiana.