Una sola llamada telefónica bastó para destruir el patrimonio de toda una vida. En el ejido La Chonita, en Villahermosa, Tabasco , Betibel Suárez y su esposo Baldomero vivían del trabajo honrado: vendían antojitos de día y tacos de noche. Hoy, están a punto de quedarse sin techo, víctimas de una extorsión que les quitó el sueño, la casa y la fe en la justicia.
La pesadilla comenzó con el timbre del teléfono. Del otro lado, una voz amenazante con datos precisos de su familia les exigió dinero a cambio de no matarlos. El terror psicológico fue tan brutal que la lógica desapareció. Betibel vivía pegada a la ventana, vigilando, aterrorizada por las amenazas de muerte.
“Yo me siento culpable, la verdad... por haber tomado esa llamada”, confiesa Betibel entre lágrimas.
Familia fue víctima total de la extorsión en Tabasco: De un negocio y una casa, a la calle
Para intentar comprar su tranquilidad, la pareja comenzó a desmantelar su vida. Primero vendieron su carrito, pero no fue suficiente. Ante la insistencia de los criminales y el pánico de Betibel, tomaron la decisión final: vender su propia casa.
“Yo accedí a vender mi casa... porque ella ya se me estaba enloqueciendo, vivía parada en la ventana”, relató Baldomero, quien solo quería salvar a su esposa del colapso nervioso.

La crueldad de la burocracia: “Solo se rieron”
Cuando ya no tenían nada más que dar y el dinero se había esfumado en manos de los delincuentes, la pareja acudió al Ministerio Público buscando protección y justicia, pero lo que encontraron fue humillación.
Fuerza Informativa Azteca (FIA) constató la denuncia: al llegar ante las autoridades, los funcionarios, lejos de iniciar una investigación, se rieron de ellos.
“No se confía ya en nadie, ni en la justicia... todos están aliados con la gente mala que anda robando”, sentenció Betibel. La Fiscalía no abrió ni siquiera un expediente.
La realidad hoy es devastadora. Betibel y Baldomero están endeudados, deprimidos y tienen un plazo fatal: en dos días deben desocupar la casa que malbarataron por miedo.
Sus planes de boda para este año quedaron reducidos a unas “argollas hechizas” y a la incertidumbre de no saber dónde dormirán mañana. Hoy, su único recurso es suplicar a la sociedad lo que el Estado les negó: ayuda para recuperar su hogar.