Caminar por los pasillos de una farmacia o un supermercado parece una actividad neutra, pero para las mujeres es, en realidad, un campo minado para el presupuesto. ¿Alguna vez te has detenido a comparar una rasuradora azul con una rosa? Son prácticamente iguales, cumplen la misma función, pero la etiqueta de precio cuenta una historia distinta. Esa diferencia de centavos o incluso pesos extra —que al final del año se convierten en miles— tiene nombre: Impuesto Rosa (o Pink Tax).
No es un impuesto oficial decretado por el gobierno, pero se siente igual de obligatorio. Es un sobreprecio aplicado a productos y servicios destinados al público femenino, bajo la premisa de que "nos gusta lo bonito" o que "estamos dispuestas a pagar más por el cuidado personal".
La brecha en el carrito del súper
La indignación no nace de la nada; nace de los datos. Según diversos estudios de consumo a nivel global y local, las mujeres pueden llegar a pagar hasta un 13% más que los hombres por versiones femeninas de productos idénticos.
Aquí es donde el "marketing de género" se vuelve un castigo financiero:
- Higiene Personal: Desodorantes, jabones y cremas suelen tener presentaciones más pequeñas para nosotras, pero con precios más altos.
- Cuidado del Cabello: Un corte de pelo "estilo mujer" suele ser drásticamente más caro que uno de hombre, incluso si la técnica y el tiempo invertido son similares.
- Juguetes: Desde la infancia, el sesgo es evidente. Un set de bloques de construcción en colores pastel suele costar más que el set estándar en colores primarios.
Ganar menos y pagar másÑ la realidad de ser mujer en México
Lo que hace que este fenómeno sea verdaderamente injusto es el contexto económico. En una región donde la brecha salarial persiste —donde las mujeres ganan menos que sus colegas varones por el mismo trabajo—, el Impuesto Rosa actúa como una doble penalización.
"Para las mujeres que trabajan, es clara la desventaja que enfrentan con respecto a los hombres, pues su ingreso anual promedio es 54.5% más bajo, la tercera brecha de género más alta de los 37 países que conforman la OCDE. A esta diferencia entre los ingresos de mujeres y hombres se le conoce como brecha salarial", señala la Comisión Nacional para Prevenir y Erradicar la Violencia Contra las Mujeres.
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Estamos navegando un mercado que nos paga menos por nuestro esfuerzo, pero nos exige más por nuestro consumo básico.
¿Qué podemos hacer? La indignación debe transformarse en consumo inteligente. No se trata solo de quejarse, sino de hackear el sistema:
- Compara etiquetas: Si la fórmula de la rasuradora o el desodorante es la misma, opta por la versión "para hombres" o neutra.
- Exige transparencia: Las marcas responden al comportamiento del consumidor. Si dejamos de comprar versiones "pink" innecesariamente caras, las empresas se verán obligadas a ajustar sus estrategias.
- Difunde el mensaje: La mayoría de las veces, este impuesto pasa desapercibido porque está normalizado. Visibilizarlo es el primer paso para erradicarlo.
