A más de dos años de su inauguración en diciembre de 2023, la denominada Megafarmacia del Bienestar se presenta hoy como una estructura monumental vacía de resultados.
Pese a contar con una superficie de 425 mil metros cuadrados, casi el doble del Centro Médico Nacional Siglo XXI, el proyecto no ha logrado cumplir su función principal: garantizar el abasto de medicamentos para la población mexicana.
Un almacén sin movimiento
Imágenes aéreas y visitas al sitio en el municipio de Huehuetoca revelan un panorama de inactividad. El almacén, diseñado para albergar hasta 286 millones de piezas de medicamentos, luce actualmente como una bodega en condiciones de abandono.
Testimonios locales y análisis de la zona indican que el movimiento de distribución es nulo, convirtiéndose en un gasto millonario sin retorno social. “Es una bodega que nos costó millones y millones de pesos... Ya literalmente es una bodega prácticamente en el abandono”.
La falta de suministros afecta de manera crítica a los sectores más vulnerables, especialmente a pacientes oncológicos. En grabaciones de atención telefónica, el personal de la Megafarmacia admite la incapacidad de surtir recetas especializadas:
- Instituciones afectadas: Pacientes del Instituto Nacional de Cancerología han reportado que la Megafarmacia no surte medicamentos oncológicos.
- Impacto humano: Los afectados expresan desesperación ante la falta de respuestas tras llamadas diarias, señalando que la carencia de fármacos pone en riesgo directo su vida.
“Megafarmacia del Bienestar": Acceso restringido y opacidad
Durante una reciente misión periodística, personal de seguridad privada y federal obstaculizó la documentación del estado de las instalaciones, bajo el argumento de ser una “zona federal de discreción”. Esta falta de transparencia contrasta con la promesa inicial de que el recinto albergaría “todos los medicamentos del mundo”.
Cifras de un proyecto fallido
Informes sugieren que, en su operatividad real, el centro solo ha logrado surtir un promedio de dos a tres recetas diarias, una cifra ínfima comparada con la demanda nacional de millones de mexicanos que dependen del sistema de salud pública.
Lo que se proyectó como la solución definitiva al desabasto se ha transformado, en palabras de los afectados, en una “promesa fallida” y un símbolo de desperdicio de recursos públicos.