Logo Inklusion Sitio accesible
LogoFIA.png

“Nada ha cambiado”: migrantes venezolanos en Colombia siguen temiendo represalias

La caída de Maduro no trajo alivio inmediato: migrantes venezolanos en Cúcuta siguen atrapados entre la incertidumbre y la crisis económica.

En un parque de Cúcuta, en la frontera entre Colombia y Venezuela, un grupo de palomas alza el vuelo con libertad. Esa imagen contrasta con el sentimiento de los venezolanos que se han establecido en esta ciudad fronteriza y que, desde hace días, observan con cautela los acontecimientos políticos en su país de origen.

Para ellos, la caída del liderazgo de Nicolás Maduro no representa una celebración, sino una nueva etapa marcada por la incertidumbre.

Muchos de estos migrantes sobreviven gracias al comercio informal, mientras mantienen a familiares que permanecen en Venezuela. Aunque el discurso oficial habla de un cambio, entre la población migrante persiste la percepción de que el régimen no desapareció, sino que únicamente cambió de rostro, dejando intactas estructuras y funcionarios del pasado.

El miedo a regresar y las represalias latentes

Milena Hernández, comerciante venezolana en Cúcuta, reconoce que el temor no se ha ido. Para ella y para muchos otros, volver a Venezuela sigue siendo un riesgo. La posibilidad de represalias preocupa, sobre todo por el impacto que pudiera tener en sus familias. El miedo no es abstracto: es una sensación constante que condiciona cada decisión.

Alexander Lugo comparte esa angustia. Su vida transcurre entre la venta de café y la preocupación por sus familiares que siguen en Venezuela. Regresar, por ahora, no es una opción viable. Asegura que, aunque se habla de cambios, para la gente común nada ha cambiado realmente. La libertad, dice, sigue siendo una urgencia.

La vida cotidiana no mejora para los venezolanos

Para Echác Maldonado, también comerciante venezolano, no hay motivo para festejar. Considera que lo que Venezuela necesita de manera inmediata es una generación masiva de empleos, con salarios que permitan cubrir al menos la alimentación diaria. Describe una realidad de empobrecimiento progresivo, donde la riqueza del país no se refleja en la calidad de vida de su gente.

Relata además que sus familiares viven con nerviosismo e inestabilidad, mientras el costo de los alimentos sigue en aumento. La precariedad económica continúa siendo el principal problema para los venezolanos, tanto dentro como fuera del país.

Aumenta el cruce en la frontera, pero no la certeza

En el Puente Internacional Simón Bolívar, la afluencia de venezolanos ha crecido. Personas como José Rafael Bolívar cruzan la frontera para comprar productos que luego revenden en Táchira. Sus palabras resumen una realidad compartida: bajos sueldos, falta de oportunidades y una situación económica extremadamente difícil.

Pese a todo, la esperanza no desaparece del todo. Entre quienes esperan, trabajan y resisten en la frontera, se repite una frase que funciona como consuelo colectivo: en Venezuela no hay mal que dure cien años, ni pueblo que lo soporte para siempre.

Notas