Cuando las luces de la ciudad quedan suspendidas y el ruido del tráfico cede, un habitante discreto comienza su jornada. Se desliza por cables, bardas y azoteas con una agilidad que desafía la gravedad.
En la sección Nuestro México de Hechos con los Ruiz Lara, hablamos de este pequeño pero majestuoso ser. No es un gato, ni mucho menos un mapache; es el cacomixtle, un pequeño carnívoro de la familia de los prociónidos que ha dejado de ser un misterio de las zonas boscosas para convertirse en el vecino más común de millones de mexicanos.
Durante décadas, ver un cacomixtle era un evento extraordinario reservado para zonas de reserva como el Pedregal o los bosques del Estado de México. Sin embargo, el panorama ha cambiado drásticamente. De acuerdo con el Dr. Leopoldo Islas Flores, investigador de la UAEMex, la especie ha encontrado una “tolerancia” inesperada en las zonas urbanas.
“Era muy raro verlos, ahorita ya es muy común encontrarlos en otros sitios. Tiene que ver mucho con que encuentran refugios y alimento muy fácilmente”, explica el especialista. A diferencia de otras especies que huyen del avance del concreto, el cacomixtle ha modificado su comportamiento, encontrando en los microhábitats creados por jardines, parques y estructuras humanas un refugio seguro para reproducirse, al no tener depredadores directos en la ciudad.
¿Aliado o amenaza? Su papel es vital en el ecosistema
Aunque su presencia a veces genera desconfianza, el cacomixtle es en realidad un aliado silencioso de la salud urbana. Es un dispersor de semillas y un controlador natural de plagas.
Es un omnívoro oportunista. Se alimenta de invertebrados, vertebrados pequeños (como ratones), cucarachas y frutos de temporada. Posee una cola anillada más larga que su cuerpo que le sirve de balancín y sus tobillos pueden rotar más de 180 grados, lo que le permite bajar de los árboles y paredes cabeza abajo.
Entender cómo se mueven estos animales en medio de la población requiere tecnología de precisión. Camila Gallardo Sánchez, especialista en monitoreo de la UAEMex, explica que el uso de fototrampas ha sido clave para documentar su vida sin perturbarlos. “Los animales siempre se van a estar moviendo y si te ven, van a huir. Las cámaras camufladas con sensores de movimiento nos permiten monitorear las comunidades de manera más sencilla”, señala Gallardo.
A pesar de su naturaleza nocturna, el estrés urbano o la búsqueda de refugios más seguros ha provocado que se les vea incluso al atardecer. Ante este fenómeno, la recomendación de los expertos es clara: la reubicación no es la solución.
“Hay que aprender a convivir con ellos, es un hecho que ya viven con nosotros. Aunque los reubiquemos, van a llegar otros. Es momento de vivir con ellos”, sentencia el Dr. Islas Flores. El cacomixtle no llegó de pronto; simplemente dejó de esconderse. Hoy, su presencia es el recordatorio de que la biodiversidad se resiste a desaparecer y que, quizá sin darnos cuenta, ya somos parte de su mismo ecosistema.