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Vivir en la prehistoria: Niños deben cruzar en balsas para ir a la escuela en Nuevo León

Tras promesas incumplidas de alcaldes, niños y ancianos de Cadereyta y Los Ramones deben usar balsas en un tramo de 100 metros de ancho para poder subsistir.

La modernidad parece haberse detenido en las fronteras naturales que dividen a las comunidades de Cadereyta y Los Ramones. En un escenario que evoca épocas prehistóricas, los habitantes locales se ven obligados a desafiar la corriente del río San Juan utilizando balsas improvisadas como su único recurso de transporte cotidiano.

Esta situación no es producto del azar, sino la consecuencia directa de un desastre natural que ocurrió en el año 2020, cuando la intensidad de la “tormenta Hanna” colapsó el puente vehicular de Las Alazanas. Dicha estructura se ubicaba cerca del ejido El Tepeguaje y servía como el vínculo vital entre ambos municipios.

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Los niños navegan el río San Juan para asistir a la escuela, enfrentando peligros constantes

Desde aquel evento climático, la conectividad terrestre desapareció, dejando en una situación de vulnerabilidad extrema a aproximadamente 500 residentes de Cadereyta y a otros 200 ciudadanos pertenecientes a Los Ramones.

El vacío dejado por la infraestructura estatal ha transformado una ruta que debería ser segura en un trayecto lleno de incertidumbre y riesgo físico para cientos de personas que no tienen otra alternativa de movilidad.

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La infancia a merced de la corriente

El impacto más severo de esta carencia se refleja en la educación y seguridad de los menores de edad. Estudiantes de Los Ramones se exponen a peligros constantes al navegar para llegar a sus centros de estudio en Cadereyta.

Un ejemplo de esta realidad es Iracema, una pequeña de solo nueve años que ha tenido que aprender a pilotar la balsa. El cruce implica atravesar una superficie acuática que alcanza los 100 metros de longitud y profundidades que llegan hasta los 12 metros.

La técnica para operar este transporte manual requiere un esfuerzo físico considerable, pues se debe manipular con los pies en la base y las manos en la parte superior, manteniéndose siempre alineados a un mecate central.

El riesgo de naufragar es latente; las corrientes pueden desestabilizar la balsa y provocar caídas al agua, lo que ha vuelto indispensable el uso de chalecos salvavidas para prevenir tragedias mayores. En cada viaje, la pequeña navegante transporta de 15 a 20 compañeros de clase, bajo un sistema de préstamo gratuito facilitado por el dueño de la embarcación.

Salud y movilidad: Un derecho suspendido

La crisis de transporte se agudiza cuando el encargado de la balsa no está disponible. En esos momentos, incluso adultos mayores intentan el cruce por cuenta propia, enfrentándose al río con el agua cubriendo gran parte de su cuerpo.

Para muchos, la alternativa es un rodeo vehicular por el punto conocido como El Carrizo, lo cual implica un trayecto adicional de 90 minutos.

Esta demora logística provoca que muchos habitantes prefieran abandonar sus citas médicas y desatender sus padecimientos por temor al río o por la imposibilidad de costear el tiempo y traslado terrestre.

Aunque la conexión es fundamental para enlazar con otros puntos como Bravo, China y General Terán, las autoridades locales, representadas por Carlos Rodríguez y Liseth Leal Ríos, no han materializado las promesas de reconstrucción hechas en enero pasado.

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