Hay imágenes que terminan persiguiendo a los políticos más que cualquier discurso. A Gerardo Fernández Noroña le ocurre una en particular: aquella vez que presumió que prefería hacer pipí en la calle antes que pagar siete pesos por entrar al baño de una gasolinera.
En esos años, la escena servía para alimentar el relato de la austeridad franciscana, del político “del pueblo” que despreciaba los excesos y combatía a la clase gobernante que vivía entre privilegios.
Hoy el escenario es otro. Ya instalado en el poder, convertido en una de las voces más visibles de Morena, Noroña salió a defender su derecho a gastar como quiera. Viajes, fiestas, gustos personales. “Es mi dinero”, respondió cuando se le cuestionó sobre la contradicción entre los lujos y el discurso de austeridad que durante años impulsó el obradorismo.
Y quizá ahí está el verdadero problema para Morena: no el dinero, sino la transformación del discurso.
Porque la crítica no nace de que un senador tenga comodidades. Nace de escuchar a quienes durante años señalaron los excesos de “la mafia del poder” terminar hablando exactamente como aquellos políticos a los que prometieron combatir.
“Ahora me toca”: la frase de Andy que incendió las redes
Pero Noroña no fue el único que reavivó la conversación sobre privilegios y poder dentro de la 4T.
Andrés “Andy” López Beltrán, hijo del expresidente Andrés Manuel López Obrador, también terminó bajo fuego tras una frase que en redes sociales fue interpretada como síntoma de una nueva élite política dentro del movimiento guinda.
“Ahora me toca”, dijo al hablar de su regreso a la actividad política después de mantenerse alejado mientras su padre ocupaba la Presidencia.
En paralelo, siguen creciendo las versiones sobre investigaciones en Estados Unidos relacionadas con redes de huachicol fiscal y contrabando de combustible. En ese contexto, sectores de la oposición y usuarios en redes comenzaron a especular sobre posibles intentos por blindar políticamente a personajes cercanos al obradorismo.
No hay acusaciones directas contra Andy López Beltrán, pero en política muchas veces importa tanto la percepción como los hechos. Y la percepción que hoy golpea a Morena es la de un movimiento que pasó de denunciar privilegios… a normalizarlos.
La austeridad que terminó convertida en slogan
Las reacciones no tardaron. Videos editados, burlas, sátira política y hasta personajes de ficción aparecieron en redes sociales para ridiculizar el contraste entre el viejo discurso morenista y la realidad actual de varios de sus cuadros.
Porque el obradorismo construyó buena parte de su fuerza política sobre una idea simple pero poderosa: ellos eran distintos.
Distintos a los gobiernos del PAN. Distintos al PRI. Distintos a la clase política que viajaba en primera clase mientras pedía sacrificios a la población.
Por eso cada declaración como la de Noroña pega más fuerte de lo normal. Porque no se escucha como una frase aislada, sino como el retrato de una transformación incómoda: la de políticos que llegaron prometiendo austeridad… y terminaron defendiendo la abundancia.
Mientras tanto, en el mundo real, las investigaciones por huachicol fiscal siguen avanzando y el debate público vuelve a girar alrededor de una pregunta cada vez más incómoda para Morena.