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Donceles se queda en silencio: las librerías históricas comienzan a desaparecer

La emblemática calle Donceles, famosa por sus librerías de viejo, enfrenta una profunda transformación: cierres, rentas altas y la era digital amenazan su historia.

Durante décadas, caminar por la calle Donceles, en el Centro Histórico de la Ciudad de México, era una experiencia obligada para amantes de la lectura, coleccionistas e investigadores. Sus librerías de viejo convirtieron esta vialidad en un referente cultural, donde era posible encontrar desde novelas de pocos pesos hasta ediciones difíciles de conseguir. Sin embargo, ese paisaje ha cambiado de manera acelerada.

La combinación de la pandemia, el crecimiento del comercio en línea, el uso de nuevas tecnologías y las dificultades económicas ha provocado el cierre de numerosos negocios históricos. Lo que alguna vez fue una calle dominada por librerías, hoy enfrenta una transformación que preocupa a quienes han dedicado su vida a vender libros.

Donceles pierde librerías que marcaron la historia del Centro Histórico

Libreros que aún permanecen en Donceles coinciden en que la calle vive uno de los momentos más complicados de su historia reciente.

Rosario, quien ha trabajado durante años entre estantes repletos de ejemplares, asegura que ser librera implica aprender constantemente, aunque reconoce que el oficio atraviesa una etapa difícil. Explica que en apenas un año cerraron alrededor de cinco librerías y que el incremento en las rentas ha hecho cada vez más complicado mantener abiertos los negocios.

Otros comerciantes recuerdan que hace algunos años prácticamente toda la calle estaba ocupada por librerías. Hoy, de aquellas decenas de establecimientos especializados en libros usados, sobreviven apenas unos cuantos.

Socorro Guevara lamenta que el hábito de la lectura se haya ido perdiendo con el paso del tiempo y considera que hace falta fomentar nuevamente el gusto por los libros desde edades tempranas.

La tecnología y los cambios de consumo transforman el panorama

Quienes trabajan diariamente en Donceles también señalan que las formas de consumir información cambiaron radicalmente.

Daniel, librero desde hace una década, relata que los cierres comenzaron a hacerse más notorios después de la pandemia. A su juicio, el acceso inmediato a la información mediante internet, los teléfonos celulares e incluso herramientas de inteligencia artificial ha reducido el interés de muchas personas por acudir físicamente a buscar un libro.

Además, factores como las movilizaciones en el Centro Histórico y la disminución del flujo de visitantes también han complicado la actividad comercial.

A pesar de ello, las librerías que permanecen abiertas intentan adaptarse ofreciendo catálogos especializados, piezas de colección y difundiendo sus ejemplares a través de internet para atraer nuevos compradores.

Entre estantes llenos de historia aún se pueden encontrar verdaderos tesoros

Aunque el panorama ha cambiado, recorrer Donceles sigue siendo una experiencia única para quienes disfrutan explorar librerías de viejo.

Los locales conservan pasillos repletos de libros donde aún es posible encontrar ejemplares desde 10, 20 o 30 pesos, además de ediciones antiguas con etiquetas de precio colocadas hace décadas.

Los vendedores aseguran que existe material para todo tipo de lectores: desde quienes buscan una novela económica para entretenerse hasta investigadores y coleccionistas interesados en publicaciones difíciles de localizar en librerías comerciales.

Incluso algunos clientes llegan por recomendación de cadenas libreras cuando buscan títulos que ya no se encuentran en circulación.

Otra tradición del Centro Histórico también baja la cortina

La transformación de Donceles no es el único cambio que vive el Centro Histórico.

A pocos metros de la emblemática calle de los libros, la peletería Miglione también se despide tras más de un siglo de historia. Su propietario, Don Emilio, confirmó que el negocio dejará el inmueble y que parte de los objetos exhibidos en el local serán destinados a un museo.

Después de más de medio siglo al frente del negocio familiar, reconoce que el Centro Histórico ya no es el mismo que conoció años atrás y considera que las costumbres, el comercio y las necesidades de los consumidores han cambiado profundamente.

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