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¿Quién fue Artabán y por qué se dice que es el cuarto Rey Mago?

Artabán, sabio persa que buscó al Mesías por 33 años. Perdió el rumbo, canjeó sus joyas por piedad y halló su fe en el servicio al prójimo.

Rey Mago
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Durante siglos, la tradición cristiana ha mantenido vigente el relato de tres Reyes Magos que acudieron a Belén siguiendo una luminaria celestial. Sin embargo, existe una narrativa alternativa que sugiere la presencia de un integrante adicional en dicha expedición mística, se trata de Artabán.

Aquella leyenda, rescatada del anonimato por el literato Henry van Dyke durante mil ochocientos noventa y cinco, introduce a un personaje fascinante: el cuarto Rey Mago. Mediante su obra titulada "La historia del otro Rey Mago", el autor estadounidense inmortalizó las vivencias de aquel sabio persa cuyo nombre era Artabán.

Artabán y su búsqueda de tres décadas

Este erudito proveniente de Persia compartía el mismo anhelo que Melchor, Gaspar y Baltasar: rendir tributo al Mesías recién nacido. Con tal propósito, preparó ofrendas consistentes en diversas piedras preciosas de incalculable valor, destinadas a ser entregadas como presente al Salvador de la humanidad. El plan original consistía en reunirse con sus compañeros de viaje para emprender juntos la travesía hacia Occidente; no obstante, el destino interpuso un obstáculo imprevisto que alteró definitivamente el rumbo de su existencia.

Mientras el protagonista galopaba apresuradamente para alcanzar el punto de encuentro estipulado, localizó a un hombre desvalido que yacía moribundo. Ante la crítica situación de aquel sujeto, el monarca decidió postergar su misión principal para brindar auxilio humanitario inmediato. Aquel acto de misericordia y altruismo consumió instantes valiosos, provocando que el sabio no llegara a tiempo para unirse a la caravana de los otros jerarcas estelares. Al perder el rastro de la estrella y de sus amigos, Artabán se vio obligado a continuar su marcha en absoluta soledad.

Lo que debió ser una visita puntual se transformó en una peregrinación que se prolongó durante treinta y tres años. Tres décadas y tres inviernos adicionales transcurrieron mientras el caminante recorría innumerables naciones i ntentando hallar rastros del Nazareno .

A lo largo de ese extenso periodo, utilizó sus gemas invaluables no para el fin inicial, sino para socorrer a los afligidos, hambrientos y desprotegidos que encontraba en su sendero. Su vida se convirtió en un ejemplo de servicio constante, aunque el objetivo de divisar al Redentor parecía alejarse cada vez más.

La extenuante travesía condujo finalmente al viajero hasta Jerusalén. Justo cuando parecía estar a punto de localizar al Mesías, los acontecimientos fatídicos del Calvario marcaron el desenlace de su búsqueda. Aquel momento coincidió con la crucifixión de Jesús. En el instante preciso en que el Salvador expiraba, un sismo violento sacudió los cimientos de la tierra. El movimiento telúrico sorprendió al sabio persa, quien resultó gravemente afectado por el desastre natural.

Artabán falleció en aquel sitio sagrado sin haber logrado conocer personalmente a quien buscó incansablemente durante gran parte de su madurez. Su fallecimiento ocurrió entre el fragor de la tierra temblando, cerrando así una epopeya de sacrificio y fe inquebrantable.

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