Cuando se habla de los grandes terremotos que han marcado a México, la memoria colectiva suele viajar de inmediato al 19 de septiembre de 1985 o al de 2017; sin embargo, hay una tragedia ocurrida en julio que cambió para siempre la historia del país y que, con el paso del tiempo, ha quedado injustamente en el olvido.
La madrugada del 28 de julio de 1957, exactamente a las 02:40 horas, un terremoto de magnitud 7.8 sorprendió a miles de personas mientras dormían. El epicentro se localizó a unos 90 kilómetros al sureste de Acapulco, Guerrero, y a poco más de 340 kilómetros de la Ciudad de México, pero la fuerza del movimiento alcanzó con intensidad a la capital.
Aquel sismo pasó a la historia con un nombre muy particular: el terremoto del Ángel, debido a que provocó la caída de uno de los símbolos más importantes del país.
La caída del Ángel de la Independencia conmocionó al país
La imagen quedó grabada para siempre. La emblemática escultura del Ángel de la Independencia, de aproximadamente siete metros de altura y siete toneladas de peso, se desplomó tras el fuerte movimiento telúrico.
El monumento tuvo que ser sometido a un largo proceso de restauración y reforzamiento que se extendió durante 14 meses, hasta ser reinaugurado en septiembre de 1958.
Desde entonces, el Ángel ha resistido otros terremotos de enorme magnitud, incluido el devastador sismo de 1985 y el del 19 de septiembre de 2017, sin volver a sufrir una caída como la ocurrida aquella madrugada de julio.
La Ciudad de México y Guerrero fueron las zonas más golpeadas durante el terremoto de 1957
En la entonces Ciudad de México, la mayor parte de los daños se concentró en la zona centro, particularmente en la actual alcaldía Cuauhtémoc.
Los reportes de la época documentaron 39 personas fallecidas en la capital y cerca de mil edificios con afectaciones, entre ellas grietas estructurales, desprendimientos de bardas y daños en diversos inmuebles.
Fuera de la capital, el estado de Guerrero enfrentó un panorama aún más complicado. Municipios como San Marcos, Chilpancingo, Chilapa, Huamuxtitlán, Ayutla y Tuxtla registraron severas afectaciones, principalmente porque muchas viviendas estaban construidas con materiales poco resistentes, como el adobe.
En algunas localidades, el nivel de destrucción fue alarmante: San Marcos reportó daños en alrededor del 95 % de sus edificios, mientras que Chilpancingo alcanzó cerca del 90 % y otras comunidades también sufrieron pérdidas importantes.
Las cifras históricas varían según la fuente consultada, pero distintos registros coinciden en que el terremoto dejó decenas de personas fallecidas a nivel nacional, además de cuantiosos daños materiales que representaron miles de millones de pesos de aquella época.
