La piel es el órgano más grande del cuerpo humano y su hidratación es uno de los aspectos más importantes para evitar la resequedad y mantener un aspecto saludable.
Muchas veces compramos cremas faciales espesas o aceites densos porque sentimos la piel tirante, áspero o sin vida y enseguida pensamos que nuestro rostro es de cutis seco.
Sin embargo, los expertos en la materia de cuidado de la piel advierten que en ocasiones el problema no es la "falta de grasa", sino la deshidratación. Hoy te decimos cómo distinguir una de la otra.
Así sabes si tu piel es seca o está deshidratada
Para conocer qué ocurre con la piel de tu rostro necesitas saber cuáles son sus requerimientos a nivel estructural, por ejemplo:
- Piel seca por falta de lípidos
Es un tipo de piel genético. Tus glándulas sebáceas producen menos sebo del necesario. Al no tener suficiente "cemento lipídico" entre las células, la barrera protectora se debilita y el cutis se vuelve incapaz de retener sus aceites naturales.

- Piel deshidratada por falta de agua
Es un estado temporal de la piel. No es una característica genética, porque cualquier tipo de piel, incluyendo la grasa o mixta, pueden sufrir de deshidratación. Ocurre cuando la capa más superficial de la epidermis pierde su contenido hídrico debido a factores externos.
Las mejores pruebas caseras de autodiagnóstico indican que:
- Prueba de la pinza
Pellizca suavemente la piel de tus mejillas con el dedo índice y pulgar unos segundos. Si la piel tarda en regresar a su forma original está deshidratada.

- Prueba de empuje horizontal
Coloca un dedo de forma horizontal en el centro de tu mejilla y empuja la piel suavemente hacia arriba. Si se forman pequeñas arrugas paralelas es una señal de falta de agua.
- Prueba de la limpieza
Lava tu rostro solo con un limpiador suave y con agua templada. No apliques ningún producto y espera 30 minutos. Si sientes tirantez extrema en todo el rostro y tu piel luce opaca, significa que es seca.
