El Feng Shui es la práctica milenaria que se basa en el flujo de la energía para que todo se mantenga equilibrado. Esto no solo consiste en la ubicación de objetos, sino también en el sonido, la temperatura, las texturas y el aroma.
Un dato que no se debe pasar por alto es que el olfato está muy relacionado con la memoria emocional. Un simple aroma puede ayudarte a relajar, abrir o bien generar tensión e incomodidad.
El aroma de tu casa es una manifestación del chi que cuando está en armonía se siente ligero, fresco y natural. Si no está en equilibrio se afecta el descanso, la concentración y el clima emocional.
¿Cuáles son los olores que afectan la energía?
Las fragancias artificiales que son demasiado dulces que se pueden encontrar en velas, aerosoles y aromatizantes industriales, resultan agradables al principio, pero luego pueden saturar el ambiente y generar una sensación de densidad. Aquí, según el Feng Shui, ocurre un estancamiento emocional.
En cuanto a los aromas intensos o permanentes quedan instalados durante mucho tiempo y no se disipan. Es por esto que terminan dominando el espacio en lugar de acompañarlo.
Los aromas a productos químicos de limpieza como cloro, amoníaco o desinfectantes industriales pueden transmitir una idea de limpieza desde lo práctico, sin embargo, el Feng Shui lo asocia con la tensión, alerta o incomodidad.

Otros olores a tener en cuenta son los ligados a recuerdos difíciles. Aquí entran ciertas flores secas, perfumes antiguos o esencias heredadas que pueden quedar asociadas a pérdidas, enfermedades o etapas dolorosas.
Por último, tenemos el incienso que si bien es una herramienta muy utilizada, si se usa en exceso o sin intención puede causar una saturación del ambiente. Lo mismo ocurre cuando se pone el mismo aroma en toda la casa, sin distinguir entre dormitorio, cocina, zonas de trabajo o espacios de paso. Cada ambiente tiene una función distinta y el aroma debería acompañarla, no contradecirla.
