Molotov celebró sus 30 años de carrera, ofreciendo un magistral recital ante un Palacio de los Deportes que lleno, retumbó evocando cada época de la banda que le ha cantado a los medios de comunicación, a las injusticias, al gobierno y siguen generando controversia como en sus inicios.
Generaciones poblaron las gradas del Palacio, donde los padres llevaron a sus hijos, o en otros casos los hijos a sus padres, en una velada llena de nostalgia y que sumó la aparición de Tito Fuentes, el guitarrista y vocalista de la banda quien sigue fuera por recuperación de sus adicciones.
En su lugar, Pato Machete canta a todo pulmón y Jay de la Cueva le imprime desde su colección de guitarras y su elocuencia, riffs con un sonido que refresca a Molotov.
Jay, además es miembro fundador de Molotov por lo que conoce el ADN de esta agrupación , y todos los seguidores disfrutaron desde que arrancó el show a las 8:45 de la noche del sábado 31 de enero.
Una cámara siguió a la banda de los camerinos al escenario, y al salir todo estalló con la canción Que no te haga bobo Jacobo y tras esa primera melodía un "Buenas noches cabrones" se hizo presente de parte de Micky Huidobro.
Con la tercera rola, Amateur, los fanáticos despertaron el grito del rock para dar paso a Chinga tu madre, uno de los himnos de los Molotov.
Huidobro pidió recordar una canción del año 1999 y los acordes marcaron la aparición de Rastaman dita.
Tito, quien estaba en el backstage subió de la mano de su hijo y pese a algunos inconvenientes con su guitarra, se echó Here we kum.
La banda señaló la crisis migratoria en Estados Unidos y con el alma tocaron Voto Latino y luego una doble versión de Marciano, en cumbia y otra más con tintes de speed metal.
Más vale Cholo, Mátate y Puto, marcaron el final del concierto que incluyó 29 éxitos en 30 años, aunque la gente se quedó con ganas de escuchar Cerdo y Al más allá.
Molotov seguirá su gira de los 30 años y Paco Ayala junto a Huidobro y Randy, agradecieron el acompañamiento y advirtieron que hay más Molotov por muchos años más.
Plumillas y baquetas volaron del escenario al público y una serie de fotos sentenciaron la velada rockera que fue además como entrar a una máquina del tiempo