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“No puedo dejarla sola": Madre de joven sobreviviente a ataque con machete por su expareja

Ana Luisa, víctima de su expareja en Chiapas, sobrevive tras perder ambas manos frente a sus tres hijos. El agresor fue detenido 10 días después del ataque.

Para Ana Luisa, la palabra “sobrevivir” ha adquirido un significado profundo y literal; es, en sus propias palabras, un verdadero milagro. Hace aproximadamente un mes, su vida y la de su familia cambiaron drásticamente cuando fue víctima de una brutal agresión con un machete perpetrada por su expareja. El ataque, de una violencia atroz, resultó en la amputación de ambas extremidades superiores de la joven.

Lo que añade una capa de horror indeleble a este suceso es que la agresión ocurrió en presencia de sus tres pequeños hijos, de 10, 8 y 6 años.

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A pesar de la saña del ataque y las heridas graves, Ana Luisa relata que permaneció consciente durante toda esa tarde. Recuerda con lucidez la llegada de auxilio, el arribo de la ambulancia y el traslado de emergencia hacia un hospital en la ciudad de Tuxtla, trayecto en el cual despertaba por lapsos.

La fuerza del amor familiar como motor de la recuperación

Al intentar abordar los detalles específicos de esa jornada negra, Ana Luisa confiesa que es un tema sumamente difícil de verbalizar. Explica que, en este momento, prefiere guardar silencio sobre el relato de los hechos debido a que el proceso legal sigue su curso y está bajo investigación.

En cuanto a su estado de salud actual, la sobreviviente manifiesta con fe que, gracias a Dios, se encuentra mejor, aunque el camino es largo: aún sanan heridas en su cabeza y en sus brazos. Afirma que, paso a paso, su condición médica muestra mejoría.

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¿Cómo se recupera una madre tras perder sus manos?

El desafío de reconstruir su vida tras conocer las consecuencias físicas del ataque —la pérdida de sus manos— ha sido inmenso. Ana Luisa admite honestamente que ni ella misma comprende de dónde ha sacado la entereza necesaria para no derrumbarse.

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Atribuye gran parte de su paciencia y su paz mental al abrumador apoyo que ha recibido de la sociedad. Menciona con gratitud que muchas personas la siguen sosteniendo y que, más adelante, resolverá junto a su familia cómo enfrentar los retos del futuro.

Justicia legal y paz interior: El dilema de Ana Luisa

Hoy en día, Ana Luisa debe equilibrar su doloroso proceso de rehabilitación física con la ineludible búsqueda de justicia. Tras el crimen, el agresor logró evadir a las autoridades durante un periodo de 10 días, manteniéndose prófugo.

Finalmente, las investigaciones dieron fruto y el sujeto fue detenido el pasado 23 de abril del 2026, encontrándose actualmente tras las rejas a la espera de su juicio.

A pesar de la captura y el avance del caso, la víctima ha revelado una postura compleja y profundamente espiritual: ha decidido no enfocar su pensamiento ni su energía en el proceso legal. Declara con firmeza que no desea cargarse de más preocupaciones por ese tema, optando por depositar el asunto tanto en las manos de Dios como en la justicia de los hombres.

El motor de tres pequeñas razones

Al ser cuestionada sobre su confianza en las instituciones del país, Ana Luisa ofrece una respuesta pragmática: considera que le corresponde confiar, dado que es la única vía de acción que le queda.

Reitera que la situación ya está en manos de las autoridades y también bajo la voluntad divina, indicando que Dios sabrá si ellos actúan rectamente, quedando la responsabilidad final en la conciencia y el actuar de cada uno de los funcionarios involucrados.

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