Para la Real Academia de la Lengua (RAE), la definición de soberanía es clara: “El poder político supremo que corresponde a un Estado independiente”. Pero para las dictaduras, este concepto no es tan rígido.
Para los regímenes totalitarios, el respeto es una vía de un solo sentido: la “no injerencia” es un escudo sagrado cuando se les critica, pero una molestia olvidable cuando necesitan ayuda de sus aliados. La soberanía, en sus manos, depende exclusivamente de sus propios intereses.
¿Y la soberanía?
— Fuerza Informativa Azteca (@AztecaNoticias) January 8, 2026
La crisis en #Venezuela desató críticas a la política intervencionista de #EU, pero conviene no olvidar algo: quienes hoy se rasgan las vestiduras por la "injerencia" validaron el fraude electoral de #NicolásMaduro, descalificaron a la oposición y guardaron… pic.twitter.com/CUttgHD8dj
Manifestaciones contra la dictadura en Venezuela
Durante las protestas antigubernamentales en Venezuela, alrededor de 300 personas fueron asesinadas. Cuando la ONU señaló la barbarie, la dictadura venezolana calificó al organismo de “corrupto y entrometido”, refugiándose una vez más en la palabra soberanía.
Tras el polémico proceso electoral de 2024, la represión no se detuvo: más de 2 mil 400 personas fueron arrestadas en tan solo 15 días, y alrededor de 20 perdieron la vida tras las rejas sin ninguna explicación oficial. Ante la crítica internacional, la respuesta de los gobiernos esbirros fue la misma de siempre: “respeto a la soberanía”.
Millones de personas abandonaron Venezuela
Venezuela se convirtió en el país que, sin estar en un conflicto bélico formal, cuenta con el mayor éxodo migratorio del planeta. Casi 8 millones de personas se vieron obligadas a abandonar su hogar. Solo Siria, inmersa en una cruenta guerra civil, superó esa cifra.
Mientras las organizaciones mundiales alzaban la voz, el régimen repelía los señalamientos globales bajo el umbral de la pobreza del 87% de los venezolanos. La soberanía sirvió para ignorar que el 70% de los hospitales sufre desabasto y que un maestro universitario gana apenas 15 dólares al mes (unos 10 pesos por jornada laboral).
Censura y peligro: El silencio de la prensa
Los regímenes latinoamericanos gritaron al unísono “no injerencia” cuando Venezuela alcanzó el sitio 160 de 180 posibles en la lista de naciones más peligrosas para el periodismo. Se habló de soberanía cuando Nicolás Maduro desapareció más de 100 periódicos impresos y bloqueó 80 sitios web de noticias y derechos humanos en un solo año.
Sin embargo, el discurso cambió radicalmente el pasado sábado a la una de la madrugada. Tras la captura del líder chavista, los mismos que vilipendiaban a las organizaciones internacionales, ahora les ruegan intervención.
La vigilancia en las fronteras y puntos de control de #Venezuela está más intensa que nunca, con revisiones incluso a teléfonos de ciudadanos, ante el clima de incertidumbre #política y social en el país.
— Fuerza Informativa Azteca (@AztecaNoticias) January 7, 2026
La preocupación crece entre la población mientras las autoridades… pic.twitter.com/8kiMLUdqsn
Del “no se metan” a la “ayuda humanitaria”
Hoy, las figuras del régimen como Diosdado Cabello y Vladimir Padrino piden a la comunidad internacional que “condene el ataque” y se pronuncie. La defensa a ultranza de la soberanía desapareció para dar paso a un nuevo sinónimo cuando de dictaduras se trata: ayuda humanitaria.
Incluso en México, el discurso se adapta a la conveniencia del calendario. Mientras el 5 de enero de 2026 se rechazaba la “intervención en asuntos internos”, para el 7 de enero el envío de petróleo a la isla se justificó bajo el marco de la “ayuda humanitaria”. Es la directriz de los gobiernos veleta, que solo se acuerdan de los derechos humanos cuando muerden el polvo.
Recorrido por un supermercado en Venezuela: Estantes llenos, pero bolsillos vacíos