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De niño jugaba futbol descalzo en un municipio en conflicto por la guerrilla y ahora es el ‘héroe mexicano’ del Mundial 2026: Julián Quiñones

De jugar descalzo en un pueblo marcado por la violencia en Colombia a darle a México el primer gol del Mundial 2026: la inspiradora historia de Julián Quiñones.

julián quiñones
El gran Quiñones.|Redes sociales.

La Copa Mundial de la FIFA 2026 continúa dejándonos gandes historias, desde Luis Díaz, hasta Lionel Messi, pero en el contexto local, tenemos a Julian Quiñones, el colombiano que hoy es más mexicano que nunca, siendo el primer jugador en marcar gol esta justa..

Cuando el balón cruzó la línea de gol en el minuto 9 del partido entre México y Sudáfrica en el Mundial 2026, millones de aficionados celebraron el tanto de Julián Quiñones. Para muchos fue simplemente el primer gol de la Copa del Mundo. Pero detrás de ese remate existe una historia que comenzó mucho antes de que vistiera la camiseta de la Selección Mexicana.

Porque antes de ser el hombre que hizo vibrar al país, Quiñones fue un niño que corría detrás de un balón en uno de los municipios más golpeados por la violencia en Colombia.

De una infancia entre carencias y un entorno dominado por el conflicto

Julián Quiñones nació en 1997 en Magüí Payán, un municipio del departamento colombiano de Nariño que durante décadas ha convivido con el conflicto armado, el narcotráfico y la presencia de grupos criminales.

Las cifras describen un escenario complicado: rezago educativo, falta de servicios básicos y altos índices de violencia forman parte de la realidad cotidiana de miles de familias que viven en esa región.

En ese contexto, el futbol era mucho más que un pasatiempo. Era un refugio.

El propio delantero ha recordado que de niño no pensaba en convertirse en una estrella internacional. Simplemente disfrutaba jugar, incluso cuando sus tenis estaban tan desgastados que los dedos sobresalían por la punta.

"En ese entonces no tenía sueños, solo jugaba por jugar porque era la felicidad que había allá", contó en alguna ocasión.

El deporte apareció cuando el destino parecía escrito

Quienes conocen la historia de Magüí Payán saben que crecer ahí implica enfrentar riesgos desde muy temprana edad.

Su representante, Fabio Marín, resumió esa realidad con una frase que se volvió conocida: en ese municipio, muchos jóvenes sienten que solo existen tres caminos: intentar convertirse en futbolista, integrarse a grupos armados o terminar vinculados al narcotráfico.

Quiñones eligió el camino más difícil.

Aunque las condiciones parecían jugar en su contra, encontró algo que terminó marcando la diferencia: el respaldo de su familia y el futbol como proyecto de vida.

Su madre, su abuela y sus hermanas fueron el soporte que necesitó para mantenerse lejos de la violencia mientras perseguía una oportunidad dentro de la cancha.

Una oportunidad cambió su historia

El talento del atacante encontró impulso gracias a Fútbol Paz, una iniciativa social nacida en Cali que brinda acompañamiento a niños y jóvenes provenientes de contextos de violencia y pobreza.

Más que una escuela deportiva, el proyecto ofrece alojamiento, formación y un entorno donde el futbol funciona como herramienta para construir disciplina, comunidad y nuevas oportunidades.

Ese acompañamiento terminó siendo determinante para que el niño que jugaba descalzo pudiera abrirse paso en el futbol profesional.

México se convirtió en su nueva casa

Con el paso de los años, la carrera de Quiñones lo llevó a México, país donde desarrolló gran parte de su trayectoria deportiva y donde decidió naturalizarse.

Su elección fue mucho más que un trámite administrativo. Significó representar a la nación que le abrió las puertas para consolidarse como futbolista profesional y cumplir el sueño que alguna vez parecía inalcanzable.

El gol que recorrió toda una vida

Cuando Julián Quiñones anotó el primer gol del Mundial 2026 frente a Sudáfrica, el balón recorrió apenas unos metros dentro del área.

Sin embargo, simbólicamente, ese disparo atravesó casi tres décadas de esfuerzo, sacrificios y obstáculos. Detrás de ese festejo quedaron una infancia marcada por las carencias, un municipio donde la violencia parecía imponer el destino y una familia que nunca dejó de creer en él.

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