La confrontación entre el gobierno federal y TV Azteca sumó un nuevo capítulo esta semana, luego de que la presidente Claudia Sheinbaum lanzara un llamado público para dejar de consumir los contenidos de la televisora del Ajusco.
Todo ocurrió tras la difusión de una campaña impulsada por el colectivo “Mexicanos al Grito de Paz”, donde se acusa al gobierno morenista de mantener presuntos vínculos con grupos criminales. Desde Palacio Nacional, Sheinbaum insinuó que detrás de la circulación de esos mensajes existirían actores cercanos a Ricardo B. Salinas Pliego, propietario de TV Azteca.
La televisora respondió con dureza. Acusó a la mandataria de intentar desacreditar a un medio crítico y calificó sus palabras como un ataque directo contra la libertad de prensa. Más tarde, Sheinbaum aseguró que no estaba censurando a nadie y que únicamente expresó una postura personal.
Pero el episodio no quedó ahí.
Las mañaneras y la confrontación permanente
Para organizaciones defensoras de periodistas, el problema no radica solamente en la frase pronunciada por la presidenta, sino en el contexto político que la rodea. Desde hace varios años, las conferencias matutinas se transformaron en espacios donde medios, periodistas y voces críticas son exhibidos constantemente desde el poder.
Especialistas consideran que esa dinámica genera un ambiente cada vez más hostil para el ejercicio periodístico. Leopoldo Maldonado, representante regional de Artículo 19, advirtió que un gobierno democrático debe garantizar pluralidad informativa y evitar discursos que puedan interpretarse como estigmatización hacia medios de comunicación.
La preocupación crece porque México arrastra desde hace años una crisis profunda en materia de seguridad para periodistas. Amenazas, asesinatos, desapariciones y campañas digitales de odio forman parte del panorama cotidiano para cientos de comunicadores en distintas regiones del país.
La libertad de expresión sigue bajo presión
La discusión ocurre además en un momento delicado para el país. Organizaciones nacionales e internacionales han advertido sobre iniciativas legales recientes que podrían abrir la puerta a controles más severos sobre contenidos digitales y publicaciones catalogadas como “manipuladas”.
Mientras tanto, la impunidad sigue intacta. Más del 95 por ciento de las agresiones contra periodistas en México no reciben castigo.
Por eso, el fondo del conflicto entre Sheinbaum y TV Azteca va mucho más allá de una televisora o de una conferencia mañanera. Lo que está en juego es el mensaje que se envía desde el poder en un país donde ejercer el periodismo continúa siendo una actividad de alto riesgo.
