La crisis de desapariciones que azota a México ha forzado una metamorfosis desgarradora en las familias de las víctimas. En el estado de Morelos, el colectivo Buscadoras del Sur ha tenido que cambiar la vida cotidiana por el rigor de las ciencias forenses.
No lo hacen por vocación, sino por una necesidad desesperada: localizar fosas clandestinas y proteger los hallazgos que las autoridades ignoran. Mientras el Estado falla, estas mujeres se profesionalizan para suplir una labor de rastreo y preservación que les ha sido negada sistemáticamente.
Búsqueda de desaparecidos: Un aprendizaje nacido de la negligencia
La instrucción que reciben es tan cruda como la realidad que enfrentan. En lugar de tejer o dedicarse a la repostería, actividades que formarían parte de una vida normal, estas mujeres aprenden la técnica de franjas.
Con una varilla metálica, perforan la tierra en busca de rastros de muerte. Para agudizar sus sentidos, utilizan restos de cerdos —cabezas, extremidades y costillas— que son enterrados durante 15 días en predios de 10,000 metros. Este ejercicio no es una simulación académica, es el entrenamiento necesario para no pasar de largo frente al lugar donde podría estar el cuerpo de un ser querido.
Dylan y Maximiliano: los nombres detrás del estudio
El motor de esta indignación tiene nombre y apellido. Entre las alumnas de este curso de criminología está la madre de Dylan Alván Barrera Delgado, quien fue desaparecido el 16 de marzo de 2023.
Su presencia en las aulas forenses es una denuncia directa: tras acudir a la Fiscalía, se encontró con un muro de indiferencia donde jamás se inició una búsqueda oficial. No tuvo otra opción que estudiar para encontrarlo ella misma.
A su lado, se encuentra quien busca a Maximiliano Trujillo Martínez, secuestrado el 25 de septiembre de 2021. Para ella, este curso no es solo teoría, es un refuerzo vital para el conocimiento que ha tenido que construir a golpes de realidad en los cerros de Morelos. La capacitación les otorga la estructura científica que les faltaba, fortaleciendo un camino que ya recorrían solas y desamparadas.
La tragedia de suplir al Estado en la búsqueda de desaparecidos
La formación culmina con el aprendizaje de la cadena de custodia, el protocolo legal que evita que las pruebas se contaminen. Es una ironía dolorosa: las madres deben garantizar la legalidad de la evidencia porque saben que cualquier error técnico será usado por las autoridades para dar carpetazo a sus casos.
"Podríamos estar haciendo nuestra vida diaria", confiesan con amargura, conscientes de que han sido despojadas de su derecho a la tranquilidad. Hoy, en lugar de hilos y agujas, empuñan varillas y herramientas criminalísticas.
La indignación de las buscadoras en Morelos es el reflejo de un país donde las familias han tenido que aprender a ser peritos, antropólogas y detectives para cumplir con una tarea que les fue impuesta por la ausencia de justicia: traer a sus hijos de vuelta a casa.
