Vivir en la Colonia Petrolera de Dos Bocas, Tabasco, donde sucedió la explosión de la refinería Olmeca se ha vuelto una prueba de resistencia. Lo que antes era una zona con áreas verdes y deportivas, hoy es un pasillo de concreto donde el aire pica en la garganta y el estruendo de las máquinas no deja dormir.
Tras el accidente del 17 de marzo, la calma no ha vuelto; al contrario, el silencio de las autoridades ha hecho que el miedo de los vecinos crezca al mismo ritmo que el humo negro de las chimeneas.
#IMPORTANTE La Fiscalía de Tabasco confirma la muerte de tres personas y una más herida tras explosión en Refinería Olmeca.
— Azteca Noticias (@AztecaNoticias) March 17, 2026
De acuerdo con las primeras versiones, un transformador explotó a causa de la lluvia y la chispa alcanzó combustible.https://t.co/hAsNYkVMLg pic.twitter.com/WQ1ik4muB0
Una barda entre la vida y 30 tanques de combustible
La ley es clara: una planta de refinación debe estar al menos a 500 metros de cualquier casa. Sin embargo, aquí la realidad es otra. Solo una calle y una barda dividen los hogares de la gente de 30 tanques con capacidad de 500 mil barriles de hidrocarburo cada uno.
Para expertos como Julio Silva, jubilado de Pemex, esto es una anomalía geográfica que pone a miles de personas en la línea de fuego si algo vuelve a salir mal.
Sin salidas: La trampa mortal de la Colonia Petrolera
El mayor temor de los habitantes no es solo una explosión, sino el hecho de estar atrapados. “No tenemos una ruta de evacuación ni un plan de emergencia”, advierte Silva. Lo ocurrido hace 15 días le dio la razón: cuando el incendio estalló, la única vía de acceso a la zona colapsó, dejando a los vecinos sin forma de huir.
El propio alcalde de Paraíso, Alfonso Baca, reconoció que el municipio está bloqueado por la falta de infraestructura para emergencias de esta magnitud.
Ruido y gas amargo: La contaminación de cada noche
Para quienes dicen que no pasa nada, los vecinos invitan a escuchar. La refinería quema gas amargo durante todo el día, generando un ruido que supera los 90 decibeles, un nivel que el oído humano no debería soportar de forma prolongada.
Julio Silva señala que la polución es constante y que, aunque existen programas de seguridad en el papel, el presupuesto parece desviarse a otros lados, dejando el mantenimiento de la planta en segundo plano.
Negligencia y falta de manos expertas en refinería de Dos Bocas
La experiencia en seguridad industrial parece haberse esfumado de las instalaciones. Arnulfo Gómez, ex trabajador contra incendios, asegura que el accidente de marzo fue resultado de la inexperiencia. Según su testimonio, se sintió olor a gas y no se acordonó el área; bastó la chispa de un vehículo que pasaba para desatar el desastre.
“Ya no capacitan a la gente como antes”, lamenta, señalando que la prisa por operar ha sacrificado la seguridad de los trabajadores y del pueblo.
Playas vacías, negocios golpeados...
— Azteca Noticias (@AztecaNoticias) March 22, 2026
El incendio en la refinería Olmeca no solo dejó contaminación: frenó el turismo en Paraíso, Tabasco.
De recibir hasta 200 visitantes por fin de semana, hoy la “playita Mirador” luce desierta.
Lancheros, cocineros y familias enteras ven cómo… pic.twitter.com/waoWpUBP2R
Una emergencia que nadie sabe cómo atender
El sentimiento general en Paraíso es de abandono. Mientras el gobierno intenta pasar la página de los recientes incendios, en las calles de la Petrolera se sabe que no hay a dónde correr. No hay zonas de resguardo marcadas ni brigadas que orienten a la población civil.
Para los expertos que conocen las entrañas de Pemex, la refinería Olmeca no es solo una obra de ingeniería, es una bomba de tiempo que ya dio sus primeros avisos y que sigue esperando una inversión real en seguridad antes de que el próximo descuido sea definitivo.