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Muere Martha Lillard a los 78 años, la última sobreviviente de polio que usaba un pulmón de acero en EU

A los 78 años, falleció Martha Lillard, la última persona en Estados Unidos que dependía de un pulmón de acero para sobrevivir tras contraer polio en su infancia.

Martha Lillard
|X/@AFPOST

Una de las historias de supervivencia más asombrosas y longevas de la medicina moderna ha llegado a su fin. Martha Lillard, la última paciente conocida en Estados Unidos que dependía de un pulmón de acero para respirar, falleció a los 78 años en Oklahoma. La mujer, que desafió las estimaciones médicas que no le daban más de dos décadas de vida, pasó más de 70 años conectada a la máquina tras contraer poliomielitis a los cinco años de edad.

Su hermana menor, Cindy McVey, confirmó el deceso ocurrido el pasado 26 de junio y atribuyó la pérdida a las severas secuelas provocadas por el COVID-19 prolongado. De acuerdo con el certificado de defunción, las causas oficiales del fallecimiento se listaron como insuficiencia pulmonar crónica y síndrome pospolio. Antes de contagiarse de coronavirus en dos ocasiones durante la pandemia, la capacidad pulmonar de Lillard ya era inferior al 25%.

Una vida con muchos retos

La polio paralizó a Martha Lillard del cuello hacia abajo; sin embargo, a través de años de terapia intensiva, logró recuperar el uso de sus piernas y el movimiento parcial de su brazo izquierdo. Esta limitada movilidad no le impidió vivir sola durante mucho tiempo y preparar sus propios alimentos.

El enorme cilindro metálico que envolvía su cuerpo —utilizando presión de aire para forzar la entrada y salida de oxígeno de sus pulmones— se convirtió en su compañero de vida. En su infancia, asistía a la escuela primaria solo dos horas al día y tomaba tutorías el resto del tiempo. Más tarde, logró cursar la preparatoria en Shawnee gracias a un innovador sistema telefónico de intercomunicación que le permitía interactuar con sus profesores y compañeros desde su habitación.

Su familia nunca permitió que la máquina fuera una barrera total: su padre adaptó un remolque especial para realizar viajes por carretera hacia Missouri, llamando previamente a los hoteles para asegurarse de que las puertas fueran lo suficientemente anchas para dar paso al pesado pulmón de acero.

Fue una figura muy querida y admirada

La llegada del internet abrió una ventana al mundo para Martha Lillard. Tras los atentados terroristas del 11 de septiembre de 2001, ingresó a una sala de chat para comprender mejor la situación global y ahí conoció a Baha Salh, un hombre residente en Egipto. Tras mantener una comunicación digital por más de 20 años, la pareja logró unirse formalmente y contrajo matrimonio en febrero pasado, luego de que él obtuviera una visa para viajar a Oklahoma.

Además de su faceta como voluntaria de la Sociedad Protectora de Animales y rescatista de perros sabuesos en redes sociales, Lillard poseía un talento artístico notable como escritora de poemas y compositora de canciones. Fiel a su naturaleza previsora y realista, redactó su propio obituario, el cual fue actualizado por ella misma antes de morir para especificar que la causa de su partida se debió al COVID-19 prolongado.

Con su fallecimiento se cierra un capítulo histórico de una enfermedad que fue erradicada de Estados Unidos en 1979 gracias a las campañas masivas de vacunación iniciadas en la década de 1950. En sus últimos años, la familia buscaba con desesperación técnicos que pudieran dar mantenimiento al aparato mecánico. "Pero como ella es la última, ya no necesitaremos eso", expresó su hermana entre lágrimas.

¿Por qué no había otra alternativa para personas como Martha Lillard?

Cuando el pulmón de acero se inventó en la década de 1920 por Philip Drinker y Louis Shaw, era la única tecnología disponible en el mundo para mantener con vida a alguien con parálisis respiratoria.

Con el paso de las décadas surgieron los ventiladores de presión positiva (los que se usan hoy en terapia intensiva, que introducen aire a través de una traqueostomía o mascarilla). Sin embargo, para pacientes crónicos de polio como Martha Lillard, la transición a la tecnología moderna no siempre era una opción viable debido a varias razones:

Daño e intolerancia física: Los ventiladores modernos exigen una traqueostomía (un agujero quirúrgico en la garganta) o el uso de mascarillas ajustadas a presión. En pacientes con las vías respiratorias y músculos del cuello gravemente dañados o atrofiados por la polio desde la infancia, la presión positiva constante puede dañar el tejido pulmonar frágil o causar infecciones graves como neumonía.
Deformidades esqueléticas: El síndrome pospolio suele causar escoliosis severa y deformidades en la caja torácica con el paso de los años. Para algunos pacientes, la única forma cómoda y efectiva de expandir su tórax deformado era el vacío externo que ofrecía el cilindro.
Dependencia a largo plazo: Personas que pasaron más de 70 años utilizando el pulmón de acero adaptaron su cuerpo por completo a la presión negativa. Para ellos, cambiar de método a una edad avanzada representaba un riesgo mortal y una alteración drástica a una rutina médica que ya les garantizaba estabilidad.

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