Mayra Lineth
Crédito: Instagram/@mayralinethpop
26 noviembre, 2020
Azteca Noticias
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Mayra Lineth, joven guatemalteca demanda a sus padres para evitar un matrimonio arreglado

“Sí, me gustaría casarme, obviamente, pero no sé hasta cuándo, cuando tenga todo para mis hijos”, aseguró la joven guatemalteca, Mayra Lineth.

A los 14 años, Mayra Lineth Pop Maquin quería irse de casa, pero no por la típica rebeldía adolescente, al contrario, quería seguir estudiando y quedarse significaba casarse, ser entregada a un chico siete años mayor que ella y al que la joven guatemalteca ni siquiera conocía.

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Sus padres no tenían dinero para la escuela y dar a su hija mayor en matrimonio para formar su propia familia, después de todo, era la norma en su comunidad, la aldea China Cadenas en el área guatemalteca de Izabal.

El 1 de noviembre, hace cuatro años, llegó un niño. Ni siquiera era mi novio, habló con mi papá y mi papá estuvo de acuerdo y luego empezó a preguntarme si me quería casar y le dije que no quería nada, que sólo quería estudiar. Mi papá me dijo: ‘No tenemos dinero’ y ahí me quedé sin saber qué hacer. Intenté varias veces decir que no, pero no me entendió

Sin embargo, ella no se resignó. Con la ayuda de una organización no gubernamental que dirigía un programa de educación para niñas en su comunidad, llevó su caso ante la justicia.

En ese momento, el matrimonio infantil aún no era ilegal en Guatemala y la práctica era común, especialmente en algunas áreas rurales y pueblos indígenas como los q’eqchis, a los que pertenece Pop.

Los miembros de su familia, dando continuidad a sus conocimientos ancestrales, estaban decididos a entregarla, explica Karen DuBois, directora del programa dedicado a las niñas de Fundaeco, el grupo que ayudó a Mayra en su demanda.

A principios de 2017, el caso de Pop llegó a un tribunal de primera instancia de menores, que determinó que no podían obligarla a casarse. El juez consideró que esto violó sus derechos y entregó la custodia a su abuelo paterno.

Además, la sentencia obligó a la adolescente a continuar con sus estudios y recibir terapia psicológica y a sus padres a ir a una escuela de adultos.

Me sorprendió porque no sabía que iban a hacer algo por mí. Mi papá se enojó un poco porque no le había hecho caso, pero esa es la única razón por la que estoy aquí y sigo estudiando. Me sentí libre y me sentí muy feliz porque fui salvada

El éxito en sus estudios es un símbolo de su victoria y una señal de que estudiar era realmente lo que quería, a pesar de las críticas que sufrió en su comunidad cuando decidió salirse de la norma.

Le decían cosas como, que nunca se iba a graduar, que sólo iba a buscar hombres para tratar de quedar embarazada, comentarios que la hacían llorar, pero su mamá le decía que no se preocupara por eso.


Mayra decidió no casarse y es libre de hacer las cosas como quiera; ahora, su historia es un impulso para otras niñas que vieron cómo Pop logró convertirse en la primera en su pueblo en terminar la escuela secundaria e ir a la universidad, un logro que pudo celebrar con sus padres.

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Para Mayra Pop, la pandemia ha significado regresar a la casa de sus padres desde la Universidad de Petén para continuar su educación a distancia, lograr su objetivo de graduarse y encontrar trabajo. Entonces sí, dice, tendrá tiempo para pensar en el matrimonio.

Sí, me gustaría casarme, obviamente, pero no sé hasta cuándo, cuando tenga todo para mis hijos, para que ellos también lo aprovechen

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