Lo que ocurre en las playas de Pajapan y Jicacal no es solo un desastre ecológico; es el retrato de una indiferencia gubernamental que ha dejado a miles de familias veracruzanas a la deriva. A más de un mes de que el chapopote comenzara a manchar las costas, el recuento de las acciones —o la falta de ellas— por parte de la gobernadora Rocío Nahle García revela un patrón de abandono sistemático.
Los habitantes denuncian que el discurso oficial es una burla frente a la realidad de sus costas. Cristóbal Martínez, pescador de la zona, expresa la desesperación del gremio: "La gobernadora dice que dos años no se va a poder pescar; ella porque tiene para comer, pero nosotros ¿qué? Habla por hablar porque a ella no le falta nada".
"No son gotitas": Habitantes de Playa Linda desmienten a @rocionahle ante desastre ambiental
— Azteca Noticias (@AztecaNoticias) April 16, 2026
Pescadores y habitantes de Playa Linda, en Pajapan, acusan que el derrame de chapopote es una realidad devastadora que contradice el discurso oficial de la gobernadora Rocío Nahle.
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El desastre de Pajapan: De mareas negras a "gotitas"
El caso más reciente y doloroso ocurre en las costas de Pajapan y Jicacal. Mientras el chapopote y el sargazo asfixian la vida marina y obligan al cierre de negocios, Nahle minimizó el desastre calificándolo como "gotitas" de hidrocarburo.
Para la gobernadora, el problema no amerita un recorrido por la zona afectada; para pescadores como Cristóbal Martínez, es la diferencia entre comer o no. "Ella habla por hablar porque a ella no le falta nada", sentencian en la costa, donde la ausencia de la "patrona" es el mensaje más claro de su desinterés.
La frase de la discordia: "Son solo gotitas"
El momento que marcó el quiebre definitivo entre la comunidad y la mandataria fue su declaración minimizando el desastre. Mientras las redes sociales se inundaban de videos de playas completamente negras, Nahle calificó la situación como el recale de "gotitas".
Esta desconexión con la realidad no solo indignó a los locales, sino que frenó la llegada de ayuda masiva, bajo la premisa oficial de que "no era para tanto". Para los habitantes, que la ingeniera Nahle llamara "gotitas" a lo que les quitó el sustento, fue la mayor muestra de desprecio de su gestión.
El recuento en Pajapan cierra hoy con negocios cerrados, una economía turística en ruinas y una comunidad que se siente traicionada. A más de 30 días del desastre, el operativo de limpieza sigue siendo insuficiente y la respuesta efectiva brilla por su ausencia.
