Siempre abrazados, siempre tomados de la mano y siempre sonrientes. Así comienza el relato de una de las alianzas políticas más sólidas y polémicas de la última década en México. La relación entre el expresidente Andrés Manuel López Obrador y el gobernador Rubén Rocha Moya ha trascendido la colaboración institucional para convertirse en una hermandad forjada desde los tiempos del PRD y consolidada bajo el estandarte de Azteca Noticias.
La lealtad absoluta como eje político
La cercanía de Rocha Moya hacia López Obrador nunca ha conocido matices. El gobernador se ha definido a sí mismo como un seguidor incondicional del mandatario, llegando al extremo de declarar públicamente su fe ciega en la palabra del tabasqueño. En diversas intervenciones, sostuvo que si algo era dicho por el presidente, él estaba de acuerdo de forma automática.
Esta complicidad resistió los embates de la crítica incluso ante señalamientos por presunta corrupción. Cuando surgieron denuncias sobre la adjudicación de obra pública a los hijos de Rocha Moya por montos cercanos a los 700 millones de pesos en contratos estatales, el respaldo desde Palacio Nacional fue inmediato, bajo el argumento de que se trataba de calumnias mediáticas.
Eran inseparables y hoy nadie habla...
— Azteca Noticias (@AztecaNoticias) May 1, 2026
Por años, el narco-gobernador @rochamoya_ y el expresidente Andrés Manuel López Obrador caminaron juntos: aliados, cercanos, incondicionales.
Hubo respaldo público incluso ante señalamientos“toda la confianza”, se escuchó.
Hoy, el… pic.twitter.com/KkGb96AeAU
El respaldo ante los señalamientos internacionales
El punto de quiebre ocurrió en 2024, cuando los presuntos vínculos entre Rocha Moya y figuras del narcotráfico, específicamente con Ismael Zambada, ocuparon los titulares internacionales. Ante la pregunta sobre si respaldaba al gobernador en medio de estas acusaciones, la respuesta de López Obrador fue contundente: otorgó toda la confianza al mandatario sinaloense y lo felicitó por presentarse ante la opinión pública.
Esa aparición, donde se les vio alzando los brazos en señal de victoria, marcó el cierre de una etapa de apoyo constante. En aquel entonces, Rocha aseguraba que no existía nada que pudiera vincularlo con esos asuntos y que, al no tener cuentas pendientes, podía estar tranquilo.
El mundo espera una respuesta clara
Hoy el escenario es distinto. Las imputaciones del Departamento de Justicia de los Estados Unidos han transformado los rumores en expedientes judiciales abiertos. Mientras Rocha Moya insiste en ser una persona limpia y mantiene su postura de tranquilidad, la comunidad internacional y la sociedad mexicana esperan resultados concretos de las investigaciones.
La frase que el gobernador repetía con frecuencia sobre la tranquilidad de quien no teme a nada resuena hoy con un eco diferente. La hermandad que los unió durante años enfrenta su prueba definitiva para determinar si esa lealtad fue una coincidencia de lucha social o un andamiaje de protección mutua.