Lo que durante una década fue la alianza estratégica más sólida del mundo árabe ha colapsado oficialmente. La salida de los Emiratos Árabes Unidos (EAU) de la OPEP este mes de mayo y la reciente revelación de ataques aéreos saudíes contra fuerzas emiratíes marcan el punto más crítico en la historia de la relación entre el príncipe Mohammed bin Salman y el jeque Mohammed bin Zayed.
#IMPORTANTE | Emiratos Árabes Unidos anunció su salida de la OPEP y OPEP+ a partir del 1 de mayo, tras casi 70 años de membresía.
— Azteca Noticias (@AztecaNoticias) April 28, 2026
La decisión busca aumentar su producción y exportaciones, debilitando al bloque liderado por Arabia Saudita en medio de la volatilidad energética… pic.twitter.com/eATUoLGqst
Conflicto militar en la península arábiga
La cooperación militar que inició en 2015 para combatir a los hutíes en Yemen se ha fracturado de manera irremediable debido a objetivos incompatibles en el terreno.
Mientras Arabia Saudita busca preservar la unidad territorial de Yemen para asegurar su frontera sur, los EAU han respaldado al Consejo Transicional del Sur (STC), un movimiento separatista que busca autonomía y el control de puertos estratégicos.
La gravedad de la ruptura aumentó el pasado 2 de enero de 2026, cuando Arabia Saudita llevó a cabo ataques aéreos contra fuerzas respaldadas por los EAU, matando a 20 combatientes separatistas.
El suministro masivo de armas a bandos opuestos ha creado actores locales con capacidad militar independiente, lo que reduce el margen de maniobra de Riad y Abu Dabi y aumenta el riesgo de una escalada incontrolable.
Guerra económica y salida de la OPEP
La decisión emiratí de abandonar la OPEP es un rechazo directo a un sistema que consideran dictado por el liderazgo saudí.
Abu Dabi ha invertido miles de millones para expandir su capacidad de producción y se siente frustrado por las cuotas impuestas por la OPEP que le impiden capitalizar sus inversiones.
El plan de Arabia Saudita para convertir a Riad en el nuevo centro de negocios del Medio Oriente compite directamente con el modelo de Dubái. En marzo pasado, Riad confirmó que más de 600 empresas multinacionales ya trasladaron sus sedes regionales a suelo saudí ante la presión de perder contratos gubernamentales.
También afecta la seguridad de la región y del mundo
La rivalidad no solo afecta la diplomacia, sino que está alterando la logística y la seguridad en corredores internacionales clave.
El Consejo de Cooperación del Golfo ha perdido coherencia y credibilidad, ya que sus miembros ahora persiguen roles de liderazgo competitivos en lugar de complementarios.
La competencia por el control de puertos y la creación de suministros paralelos ha fragmentado las estructuras de mando, complicando la seguridad en rutas críticas como el Canal de Suez.
La carrera por atraer capital e inversiones está generando una duplicidad de megaproyectos que podría derivar en una sobrecapacidad ineficiente y reducir la confianza de los inversores a largo plazo.
Están involucrados en la guerra civil de Sudán
La pugna por el control se extiende más allá de la península y llega a la mayor crisis humanitaria de la actualidad, la guerra civil en Sudán; mientras Arabia Saudita respalda al ejército sudanés para proteger la estabilidad del Mar Rojo, se acusa a los EAU de apoyar a las fuerzas paramilitares rivales (RSF).
En noviembre, el presidente Trump reveló que el príncipe saudí le instó a imponer sanciones contra los EAU por su papel en el conflicto sudanés.
Una rivalidad histórica entre ambos países
La desconfianza entre Arabia Saudita y los Emiratos Árabes Unidos no es nueva, sino que se remonta al conflicto de Al Buraimi (1940-1950), una disputa por un oasis rico en petróleo donde Riad intentó anexionarse territorios de Abu Dabi mediante ocupaciones encubiertas y sobornos masivos. Destaca el intento saudí de comprar la lealtad de Sheikh Zayed bin Sultan Al Nahyan con 400 millones de rupias, una oferta rechazada que forjó una herida dinástica difícil de cerrar. Aunque la derrota militar saudí ante fuerzas británicas y locales llevó al Tratado de Jeddah en 1974, Riad condicionó el reconocimiento de los EAU como nación a la cesión de tierras con yacimientos petrolíferos, un agravio que marcó el inicio de la federación.
Incluso durante el ascenso de Mohammed bin Salman, la relación fue compleja: mientras que figuras como el embajador emiratí Yousef Al Otaiba promovían activamente a MBS en Washington como un motor de "cambio genuino" frente al ala conservadora saudí, informes de inteligencia sugerían que los EAU también utilizaban tecnología de espionaje para interceptar llamadas de otros príncipes saudíes en la carrera por el trono. Estas capas de historia —desde las guerras del siglo XVIII contra el wahabismo hasta el reciente apoyo emiratí a separatistas en Yemen que ha provocado una "ruptura" diplomática y mediática— demuestran que la alianza estratégica siempre ha convivido con una profunda desconfianza mutua.
Aunque ambos líderes mantienen una cordialidad mínima en momentos de crisis externa —como tras los ataques iraníes de este lunes—, los datos muestran una desconfianza estratégica profunda. La competencia por el dominio de la energía, las finanzas y la logística ha transformado la región en un escenario de rivalidad de suma cero que definirá la trayectoria del Medio Oriente en los próximos años.
