Un martes sangriento sacudió la localidad de Sarai Naurang, en el distrito de Lakki Marwat, al noroeste de Pakistán. La explosión de un vehículo tipo rickshaw cargado de explosivos en un mercado concurrido ha cobrado la vida de al menos nueve personas, incluidos dos policías de tránsito y una mujer, mientras que otras 30 resultaron heridas.
El ataque ocurrió en una región estratégica y volátil, cercana a la frontera con Afganistán. Según los servicios de emergencia y autoridades médicas del hospital THQ, varios de los heridos se encuentran en estado crítico, por lo que la cifra de fallecidos podría aumentar en las próximas horas.
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— Reuters (@Reuters) May 12, 2026
A blast at a crowded market killed 10 and injured dozens in in Sarai Naurang, northwestern Pakistan, raising concerns of renewed tensions with Afghanistan https://t.co/EUzYvnIuRQ pic.twitter.com/579xo2RyZw
Escalada de violencia y acusaciones cruzadas con el Talibán
Aunque ningún grupo se ha atribuido la autoría inmediata del atentado, la sospecha recae sobre el Tehrik-e-Taliban Pakistan (TTP). Este grupo ha intensificado sus ataques contra las fuerzas de seguridad paquistaníes en los últimos años. De hecho, este atentado ocurre apenas días después de que 21 oficiales de policía fueran asesinados en el distrito vecino de Bannu.
La situación ha provocado un nuevo choque diplomático:
Las autoridades de Pakistán afirman que estos ataques son planeados desde suelo afgano, acusando al gobierno talibán de dar refugio a los combatientes del TTP.
El portavoz talibán de Afganistán, Zabihullah Mujahid, rechazó tajantemente las acusaciones este mismo martes, calificándolas de "infundadas" y asegurando que no permiten ataques contra otros países desde su territorio.
Tensiones fronterizas en un momento crítico
Este repunte de violencia se da en un contexto de alta sensibilidad geopolítica. Desde finales de febrero, los enfrentamientos fronterizos entre Pakistán y Afganistán han dejado cientos de muertos. Aunque China medió en negociaciones de paz a principios de abril para frenar la violencia, los choques esporádicos continúan desafiando la estabilidad de la zona.
Paradójicamente, este caos interno ocurre mientras Pakistán intenta posicionarse como un actor clave en el tablero internacional, facilitando rutas comerciales terrestres hacia Irán debido al bloqueo del Estrecho de Ormuz. Sin embargo, la inseguridad en sus propias provincias del noroeste amenaza con socavar su capacidad logística y su control territorial frente a grupos armados cada vez más envalentonados.
