Vianey cuenta que, con el objetivo de generar mayores ingresos, aceptó trabajar con su hermana Monserrat revendiendo boletos. Detalla que todo iba bien hasta que empezaron a hacer negocios ilícitos. Ahora, Vianey no piensa cargar con culpas que no le corresponden y advierte que, si Monserrat quiere seguir por esos malos pasos, será su problema. Aunque Vianey acepta que formó parte del negocio, asegura que ella no se escondió como rata, sino que afrontó lo que que Monserrat provocó.