El rubor líquido forma parte del nuevo auge de los productos cremosos y fluidos que ha transformado por completo la forma en que buscamos conseguir un acabado fresco y juvenil en el rostro.
Este es uno de los favoritos de muchos, ya que tiene una alta pigmentación y una gran capacidad de fundirse con el tejido cutáneo, simulando un sutil e impecable rubor natural.
Sin embargo, cuando la piel de la zona central de las mejillas presenta relieve, cicatrices de acné o poros dilatados, este cosmético estrella puede convertirse rápidamente en tu peor enemigo si no se manipula con la técnica adecuada.
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Los 3 errores con el rubor líquido que acentúan la textura
Para mantener una piel con apariencia de porcelana y evitar que tus poros jueguen en tu contra, debes erradicar estas tres prácticas de tu rutina:
- Aplicar directamente sobre la zona crítica de las mejillas
Depositar los puntos del pigmento directamente del envase en el centro del pómulo es el error más frecuente. Esto coloca una gran concentración de producto sobre un área con poros dilatados, el producto satura las hendiduras antes de que puedas esparcirlo, creando un efecto de relieve inverso o punto negro que magnifica la textura.
La solución consiste en colocar el rubor primero en el dorso de la mano. Desde allí, distribuirlo uniformemente y tomarlo con una brocha suave o esponja antes de ponerlo en la cara.

- Arrastrar el producto
Realizar movimientos bruscos de barrido o deslizar los dedos con fuerza para esparcir el rubir levanta la base de maquillaje y el corrector que colocaste previamente.
Esto provoca que las texturas líquidas se mezclen de forma irregular, dejando parches descubiertos y acumulando el exceso de pigmento justo dentro de los poros abiertos.

- Elegir fórmulas con microdestellos de brillo
Las partículas de glitter reflejan la luz en múltiples direcciones, por lo que al colocarlas sobre una piel con imperfecciones, la luz rebotará de forma irregular en los bordes de cada poro, actuando como una lupa óptica que delata el relieve.
