En la sociedad moderna, pasamos un promedio de 90% de nuestro tiempo en espacios interiores bajo luminarias LED o pantallas digitales. Por ello, la luz natural es una de las mejores terapias para brindarnos energía y bienestar.
La neurociencia y la cronobiología demuestran que nuestro organismo no se regula únicamente por la alimentación o las horas de descanso; dependemos de un reloj biológico interno conocido como ritmo circadiano, el cual se calibra principalmente a través de las señales lumínicas que capturan las células ganglionares fotosensibles de nuestra retina.
Las 3 fuentes de luz natural que tu cuerpo necesita recibir para tener energía
- La luz del amanecer o primera mañana
Recibir esta luz directamente en los ojos, sin ventanas ni lentes de sol de por medio, durante al menos 10 minutos, desencadena un pulso saludable de cortisol. El cual actúa como despertador biológico de tu cuerpo, elevando la temperatura del mismo y fomentando el estado de alerta y la motivación.

- La luz del mediodía solar
Ocurre entre las 11:00 horas y las 15:00 horas, momento en el que el sol alcanza su punto más alto en el cielo. Los rayos UVB de esta franja horaria son los únicos capaces de interactuar con el colesterol de la piel para sintetizar vitamina D.
La forma segura de recibir esta luz es exponer los brazos, piernas o espalda al sol directo durante 10 a 20 minutos, dependiendo de tu fototipo de piel, sin protector solar. Así cargarás tus reservas energéticas sin dañar la barrera cutánea.

- La luz del atardecer
Presenciar el atardecer le avisa al cerebro que el día ha terminado. Reduce de forma drástica la producción de cortisol y prepara a los músculos para la relajación.
Exponer los ojos a la luz roja del atardecer también genera una especie de escudo protector en la retina, lo que disminuye la sensibilidad y el daño de la luz azul artificial de los teléfonos y computadoras que usarás durante la noche, previniendo la fatiga visual del día siguiente.
