Lograr la consistencia perfecta en una pizza casera es una de las pruebas más engañosas dentro de las cocinas, sobre todo en una de alto rendimiento como MasterChef 24/7.
A menudo, el gran reto para los cocineros no radica únicamente en balancear los sabores de la salsa o la calidad del queso, sino en conseguir una base dorada, aireada y verdaderamente crocante que no pierda su forma durante el horneado.
Cuando la masa carece de la elasticidad necesaria o no se manipula correctamente sobre la superficie de trabajo, tiende a encogerse en los extremos, adoptando esa desagradable apariencia rígida o cuadrada que delata a un aficionado.
Cómo hacer pizza casera como en MasterChef 24/7
Uno de los grandes secretos revelados dentro de las clases del Mundo MasterChef 24/7 parte de un principio técnico fundamental: la flexibilidad y el despegar correctamente la masa antes de que entre al calor intenso del horno.
Para evitar que la pizza quede deforme, compacta o con esquinas marcadas, los aspirantes aplican una serie de pasos clave durante el estirado:
Reposo y temperatura: Trabajar con una masa a temperatura ambiente evita que el gluten se tensione, lo que facilita darle esa forma circular tradicional sin forzar los bordes.
Uso de sémola o harina de maíz: En lugar de saturar la mesa con harina de trigo convencional —la cual puede quemarse en el horno y amargar la base—, se utiliza sémola fina. Esto crea una microcapa de aire entre la masa y la bandeja.
El despegue previo: Antes de montar los ingredientes líquidos como la salsa de tomate, es crucial despegar suavemente la base del molde o de la pala de horneado. Un ligero movimiento de vaivén asegura que la masa fluya libremente y no se adhiera a las esquinas, manteniendo su contorno redondeado.
Una vez que la masa está correctamente despegada y balanceada, el choque térmico hace el resto del trabajo. Precalentar la bandeja o la piedra de hornear a la máxima temperatura disponible en casa garantiza que la base comience a cocinarse de inmediato al contacto.