La próxima etapa de la exploración espacial humana se encamina hacia un hito sin precedentes con la ejecución de Artemis II , una misión que guarda estrechas similitudes técnicas con su predecesora pero que introduce el factor crucial de la presencia humana.
De la órbita terrestre al espacio profundo: El complejo trazado de la misión Artemis II
El proceso de ascenso comenzará cuando el Sistema de Lanzamiento Espacial impulse a la cápsula Orión fuera de los límites atmosféricos. Una vez en el exterior, la nave, acompañada por su etapa de propulsión criogénica provisional, realizará un par de giros alrededor del globo terráqueo.
Este procedimiento inicial busca corroborar la integridad de todas las funciones operativas mientras el vehículo se localiza todavía en las inmediaciones de nuestro planeta.
El impulso inicial: Inyección en trayectoria trans-lunar
La ruta establecida llevará a la cápsula desde una trayectoria elíptica inicial hacia una zona de seguridad en la órbita terrestre alta, cuyas dimensiones oscilan entre las 44,525 y las 115 millas terrestres. Para poner esto en perspectiva respecto a otras infraestructuras espaciales, la distancia de vuelo será considerablemente superior a la de la Estación Espacial Internacional, que mantiene un recorrido casi circular a unos 250 kilómetros de altura.
Posteriormente, tras consolidar su posición en la órbita alta, se procederá a la desconexión de la etapa superior. Los tripulantes aprovecharán este componente desprendido para realizar una exhibición de maniobras de proximidad, asumiendo el mando manual de la nave para gestionar su orientación y curso bajo la vigilancia de los especialistas situados en Texas. Esta etapa es vital para recolectar experiencia práctica en acoplamientos y movimientos cercanos que serán necesarios en futuras expediciones lunares.
Rumbo a la cara oculta: El punto de máximo alejamiento
Tras concluir estas maniobras de pilotaje, la responsabilidad del control retornará a la base terrestre para iniciar un exhaustivo chequeo de los sistemas vitales. Durante esta fase de proximidad, los astronautas examinarán con rigor los mecanismos de soporte de vida que suministran oxígeno respirable, además de verificar la eficacia de los equipos de navegación y comunicación.
En un momento específico de su órbita elíptica, Orión cruzará los límites de cobertura de la Red Espacial de la NASA , lo que servirá de ensayo para los enlaces que se establecerán posteriormente con la Red del Espacio Profundo.
Una vez validados todos los parámetros, el módulo de servicio ejecutará una maniobra de inyección translunar. Este impulso final proyectará a los exploradores en un trayecto de cuatro jornadas que rodeará la zona no visible de la Luna.
El diseño del "ocho": Trayectoria de retorno libre
La trayectoria dibujará una figura similar a un ocho, alcanzando una distancia máxima de 230,000 millas de la Tierra. Durante el vuelo, se realizarán experimentos científicos, se pondrá a prueba el refugio diseñado contra la radiación y se llevarán a cabo observaciones lunares desde una distancia que la humanidad no ha experimentado en medio siglo.
En el punto más alejado de la expedición, los tripulantes se encontrarán a unos 7,400 kilómetros de la cara oculta de la Luna, observando nuestro planeta a una distancia de casi 400,000 kilómetros. En ese escenario, el satélite natural se verá con el volumen de un balón de baloncesto si se observa con el brazo estirado.
El descenso final: Reentrada por Salto
Finalmente, el regreso se gestionará mediante una ruta de retorno libre de bajo consumo, donde la influencia gravitacional del sistema Tierra-Luna atraerá a la cápsula de forma natural hacia casa. El descenso culminará en el Océano Pacífico con el apoyo de la marina estadounidense, sentando las bases para que un estadounidense logre eventualmente pisar la superficie de Marte.
