El fallido modelo económico comunista del régimen cubano acaba de recibir un golpe más. La cadena española Meliá Hotels International oficializó el cese definitivo de todas sus operaciones en Cuba, marcando el fin de una era de dominio europeo en el turismo del país caribeño, que es de los pocos recursos que tiene para mantenerse a flote.
A través de un comunicado remitido a la Comisión Nacional del Mercado de Valores de España, la compañía confirmó que su filial Ilha Bela Gestao e Turismo dará por terminada la gestión de sus 34 hoteles en la isla a partir de este viernes 24 de julio.
"La decisión responde a las persistentes dificultades operativas, legales, económicas y financieras que vienen afectando al entorno del país y que impiden garantizar unas condiciones mínimas de estabilidad para el desarrollo de la actividad", explicó la firma hotelera.
Se acaba otra fuente de ingresos de la dictadura
La retirada de Meliá, a la que se suma la salida de otras firmas como Iberostar y Riu, es una consecuencia del endurecimiento de las medidas aplicadas por la administración de Donald Trump. Washington reforzó las sanciones dirigidas a cualquier entidad o empresa internacional que realice negocios con GAESA, el poderoso conglomerado comercial administrado por las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Cuba.
Históricamente, gran parte de las ganancias que genera el turismo internacional en Cuba, ingresaba directamente a las cuentas de este conglomerado militar. Desde la amenaza de sanciones financieras y bloqueos comerciales por parte de Estados Unidos, las multinacionales españolas no han tenido más opción que abandonar sus instalaciones en suelo cubano.
El sector turístico está en ruinas
La apuesta del gobierno encabezado por Miguel Díaz-Canel y el liderazgo histórico de Raúl Castro por mantener el turismo como motor de divisas colapsó tras la pandemia. A la presión geopolítica se sumó el deterioro interno de la isla, marcado por:
- Desplome de visitantes: Entre enero y mayo se registraron apenas 360,000 turistas, lo que representa una estrepitosa caída interanual del 58%.
- Colapso de servicios: La crisis energética, expresada en prolongados apagones, la escasez de insumos básicos y el bloqueo petrolero, imposibilitó mantener los estándares hoteleros.
- Habitaciones vacías: De las más de 14,000 habitaciones que operaba Meliá, una gran mayoría ya permanecía inactiva por la falta de demanda antes del anuncio del cierre total.
La salida de los operadores turísticos no solo elimina la principal entrada de moneda extranjera al país, sino que destruye miles de empleos directos e indirectos, dejando la decisión del rumbo político y económico de la nación en manos de la cúpula de La Habana.
