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Cuando el poder no quiere críticas, aparece el “complot”

¿Complot contra Morena? Nosotros respondemos: cuestionar al poder no es conspirar. Si hay información falsa, que se desmienta con datos, no con etiquetas.

Nosotros no creemos en el supuesto “complot” del que se habla para explicar por qué medios, periodistas y ciudadanos cuestionamos al gobierno. Y lo decimos con claridad: criticar al poder no es conspirar contra él.

La lista presentada por Luisa María Alcalde, en la que se señala a medios, periodistas y ciudadanos por presuntamente organizarse para difundir información que desde el gobierno consideran falsa, merece una respuesta directa.

Porque si cada crítica incómoda, cada reportaje que exhibe errores o cada cuestionamiento ciudadano se convierte automáticamente en parte de una operación, entonces el problema ya no es solamente lo que se dice: es la intención de descalificar a quien lo dice.

Nosotros sí vamos a señalar lo que incomoda

No necesitamos que nadie nos diga qué temas debemos cubrir ni necesitamos formar parte de una supuesta coordinación para hablar de aquello que consideramos relevante, si un asunto genera indignación, dudas o cuestionamientos, es normal que aparezca en medios, redes sociales y conversaciones entre ciudadanos. Así funciona la discusión pública.

No hace falta una conspiración para que distintas personas coincidan en una preocupación y mucho menos necesitamos que el poder nos diga cuándo una crítica es válida y cuándo debe ser considerada “información falsa”.

Si una información es incorrecta, que se demuestre. Si un dato es falso, que se desmienta con evidencia. Si un reportaje tiene un error, que se señale puntualmente, pero descalificar de manera general a quienes cuestionan al gobierno no responde las preguntas que están sobre la mesa.

La crítica no es un complot

Nosotros no necesitamos inventar una conspiración para cuestionar a Morena ni necesitamos coordinarnos para señalar aquello que consideramos incorrecto; la crítica existe porque hay ciudadanos que no están dispuestos a quedarse callados y eso no debería ser presentado como una amenaza.

Si hay información falsa, que se compruebe. Si hay errores, que se corrijan. Si existen señalamientos sin sustento, que se desmonten con evidencia, pero si lo que existe son preguntas incómodas, críticas y ciudadanos ejerciendo su derecho a expresarse, entonces no estamos frente a un complot, estamos frente a algo mucho más sencillo: personas que no quieren que el poder tenga la última palabra sobre lo que se puede decir de él.

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