La inauguración del Highmark Stadium, nueva casa de los Buffalo Bills de la NFL, marca un cambio en la forma de construir recintos deportivos; más allá de su inversión superior a los 2 mil 100 millones de dólares, el proyecto fue diseñado para resolver uno de los mayores desafíos del deporte profesional: mantener un estadio al aire libre operativo durante los inviernos más extremos sin sacrificar la experiencia de los aficionados.
Ubicado en el estado de Nueva York, el Highmark Stadium abrirá una nueva etapa para la franquiciacon una combinación de ingeniería, arquitectura y tecnología que busca convertir al clima en un aliado.
El recinto de los Bills fue pensado para soportar las fuertes nevadas de la región, reducir el impacto del viento y ofrecer mejores condiciones tanto para los jugadores como para las más de 60 mil personas que podrán asistir a cada encuentro.
¿Por qué el Highmark Stadium es conocido como el "Destructor de Nieve"?
El rasgo más llamativo del Highmark Stadium es su sistema automatizado para eliminar la nieve; en lugar de depender de cuadrillas trabajando durante horas después de cada tormenta, el estadio utiliza una red de tuberías con agua caliente instalada bajo distintas estructuras del inmueble.
Sensores distribuidos en el techo detectan la acumulación de nieve y activan automáticamente el sistema para fundirla antes de que represente un riesgo para la estructura o para los asistentes; esta tecnología ayuda a mantener despejadas áreas clave y reduce el peso que normalmente soportan las cubiertas durante el invierno.
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Una inversión que va mucho más allá del tamaño del estadio
La cifra impresiona por sí sola: el Highmark Stadium requirió una inversión superior a 2 mil 100 millones de dólares, es decir, alrededor de 43 mil millones de pesos.
Para ponerlo en perspectiva, la remodelación del Estadio Azteca rumbo a la Copa Mundial representó una inversión superior a 3 mil 500 millones de pesos, por lo que levantar el nuevo estadio de los Buffalo Bills costó aproximadamente 10 veces más que transformar por completo el inmueble más emblemático del fútbol mexicano.
Sin embargo, la diferencia no está en el tamaño. El Highmark Stadium tendrá capacidad para poco más de 60 mil aficionados, una cifra incluso menor a la del Estadio Azteca.
La mayor parte del presupuesto se destinó a tecnología, materiales especializados y soluciones de ingeniería capaces de operar durante los inviernos más extremos de Nueva York, donde las tormentas de nieve forman parte de la temporada de la NFL.
Dicho de otra forma, el dinero no se invirtió para construir más gradas, sino para desarrollar un estadio capaz de derretir nieve automáticamente, reducir el impacto del viento, proteger a los aficionados del clima y mantener un césped natural en condiciones óptimas incluso con temperaturas bajo cero.
El viento también fue un enemigo que la ingeniería buscó vencer
Otro de los grandes retos del proyecto fue disminuir las fuertes ráfagas de viento que caracterizan a la región de Búfalo.
Para lograrlo, el Highmark Stadium incorpora una fachada formada por miles de paneles metálicos perforados que permiten controlar el flujo del aire antes de que llegue al interior del inmueble.
De acuerdo con las pruebas realizadas durante el desarrollo del proyecto, esta solución reduce de forma importante la velocidad del viento sobre el terreno de juego y en las zonas ocupadas por los aficionados.
Tecnología también para el césped y los aficionados
Las innovaciones no terminan en la estructura. El nuevo estadio de los Bills mantiene una superficie de césped natural apoyada por sistemas de calefacción que evitan que el terreno se congele durante el invierno y favorecen su conservación a lo largo del año.
La experiencia para los asistentes también cambia con controles de acceso biométricos, puntos de venta automatizados y espacios diseñados para agilizar el ingreso al estadio.
Con esta combinación de tecnología, arquitectura y soluciones climáticas, el Highmark Stadium se perfila como uno de los proyectos más avanzados construidos hasta ahora para la NFL y un referente de cómo podría evolucionar el diseño de los grandes recintos deportivos en los próximos años.
