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Reuters
12 noviembre 2021
Julián Molina Rivera
Internacional - Notas
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El Papa Francisco pide en Asís, Italia que los pobres sean escuchados

En Asís, Italia, el Papa Francisco se reunió con 500 personas pobres. Pidió respeto y el fin de la violencia contra las mujeres.

El Papa Francisco viajó a la ciudad de Asís, Italia, el lugar de nacimiento de San Francisco donde se reunió con 500 personas en condición de pobreza y recibió los testimonios de algunos de ellos, durante la celebración de la quinta Jornada Mundial de los pobres que se celebrará en todo el mundo el domingo.

“Es hora de devolver la voz a los pobres porque sus peticiones han caído en oídos sordos durante demasiado tiempo. Es hora de que se abran los ojos para ver el estado de desigualdad en el que viven tantas familias”, dijo Francisco.

En la Basílica de Santa María de los Ángeles en Asís, Italia, el Papa apuntó que “es hora de volver a escandalizarse ante la realidad de los niños hambrientos, esclavizados, náufragos, víctimas inocentes de todo tipo de violencia.

El Papa pide proteger a las mujeres

Pidió la creación de más puestos de trabajo y el fin de la violencia contra las mujeres “para que sean respetadas y no tratadas como una mercancía”.

El Papa Francisco resaltó la importancia del encuentro: encontrarse es lo primero, es ir hacia el otro con el corazón abierto y la mano tendida. Porque cada uno de “nosotros necesita al otro, e incluso la debilidad, si la experimentamos juntos, puede convertirse en una fuerza que mejore el mundo. Es hora de reunirse. Es el momento del encuentro. Si la humanidad, si los hombres y las mujeres no aprendemos a encontrarnos, nos dirigimos a un final muy triste”.

La acogida al otro, dijo Francisco, es “la expresión más evangélica que estamos llamados a hacer nuestra”. Acoger es “abrir la puerta, la de la casa y la del corazón, y dejar entrar a los que llaman. Y que se sientan a gusto, no asombrados. Donde hay un verdadero sentido de la fraternidad, hay también la experiencia sincera de la acogida”. Acoger al otro, manifestó, con una sonrisa, como Madre Teresa, que como explicó el Papa, hizo de su vida un servicio a la hospitalidad:

Compartir una sonrisa

“Compartir una sonrisa con alguien necesitado es bueno para ambos, para mí y para el otro. La sonrisa como expresión de simpatía, de ternura”. La sonrisa te involucra, manifestó, después, no podrás distanciarte de la persona a la que has sonreído.

En cambio, cuando no nos abrimos a los demás, cuando “hay miedo a los demás, desprecio por su vida, entonces nace el rechazo”, expresó el Papa.

Qadery Abdul Razaq, un anciano que huyó de Afganistán con su esposa después de la caída de Kabul porque habían trabajado para el ejército italiano, rompió a llorar cuando le contó al Papa cómo los talibanes habían matado a uno de sus hijos.

Pidió ayuda al Papa Francisco y al gobierno italiano para sacar a sus cuatro hijos restantes del país.

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