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Reportaje en el Rancho Izaguirre: A un año del exterminio en Jalisco, “aún huele a muerte”

A doce meses de que el mundo conociera el “Rancho Izaguirre”, la herida sigue abierta. Entre zanjas con restos y miles de prendas, las madres buscadoras confrontan al silencio oficial en una zona marcada por la tortura y el reclutamiento forzado. Un especial de Azteca Noticias.

El portón negro con la leyenda Izaguirre Ranch sigue ahí, con sus hojas de metal desgastadas y marcadas por impactos de bala que cuentan la historia de una propiedad que pasó de ser un predio ganadero a un centro de exterminio. Aunque el discurso oficial se esforzó por llamarlo “adiestramiento”, es un hecho que en el Rancho Izaguirre se aniquiló el alma de cientos de jóvenes mexicanos.

Ha pasado un año desde que los colectivos de madres buscadoras destaparan el horror que se ocultaba cerca de Teuchitlán, en Jalisco. Hoy, el equipo de Azteca Noticias y Hechos AM viajaron al epicentro del horror para desenterrar lo que el tiempo no puede borrar:

El sitio es un mausoleo de tierra virgen removida y galerones en obra negra donde el eco del dolor aún persiste. Lo que antes fue un punto ciego para la autoridad, se convirtió en marzo de 2025 en un símbolo nacional de la crisis de desapariciones en el occidente del país.

Ulises Ruiz acudió al Rancho Izaguirre.
“Izaguirre Ranch”, el lema del portón donde el CJNG consumó sus actos de reclutación y adiestramiento sicario|Fiscalía de Jalisco.

La geografía del horror: Hornos y galerones de ropa

Ingresar al Rancho Izaguirre es recorrer un mapa diseñado para la muerte. Al cruzar el acceso principal, un terreno amplio y rodeado por bardas de tres metros de alto esconde estructuras que servían para fines específicos del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG). Mientras que los jefes contaban con baños privados, el grueso del horror se concentraba en los galerones de block y techo de lámina.

En estos sitios se localizaron miles de evidencias que se volvieron virales hace un año: zapatos, tenis, botas y sandalias de todas las tallas que alguna vez pertenecieron a jóvenes que llegaron ahí con engaños o bajo custodia forzada.

Sin embargo, el hallazgo más perturbador se encuentra en el patio central: ocho zanjas de un metro de profundidad identificadas como posibles hornos crematorios, donde fragmentos de huesos fueron encontrados mezclados con ceniza y tierra quemada.

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Así se veía por aire el Rancho Izaguirre en Teuchitlán, Jalisco|FIA

El reclutamiento y la “carnicería": La investigación de Otoniel Martínez

Al sitio volvió Otoniel Martínez, quien muestra cómo el sitio no solo era un lugar de depósito, sino un campo de adiestramiento y tortura. Gracias al testimonio de un joven reclutado que logró escapar en noviembre de 2025, se pudo conocer la existencia de estructuras metálicas y troncos con púas para ejercicios “pecho tierra”, confirmando la teoría de que el rancho funcionaba como base de operaciones de un grupo delictivo.

De acuerdo con las indagatorias y los testimonios de las buscadoras, el lugar operaba bajo un esquema de “carnicería”: los cuerpos eran presuntamente desmembrados en cuartos específicos antes de ser llevados a las zanjas-horno para su desaparición total.

A pesar de que la versión oficial de la Fiscalía General de la República (FGR) negó la evidencia de estos actos atroces, las madres buscadoras siguen con el mismo reclamo del día uno: Lo que hallaron en el Rancho Izaguirre ya no corresponde a lo presentado por las autoridades.

Rancho Izaguirre Teuchitlán Jalisco
Tras la investigación de la FGR, el Rancho Izaguirre cambió por completo: sellaron las fosas, cercaron los campos e hicieron un “tour” de medios que frustró a las madres buscadoras.

Voces del dolor: Las madres que no dejan de buscar

Para las mujeres que integran los colectivos de búsqueda, el Rancho Izaguirre no es solo un punto en el mapa; es el lugar donde probablemente vieron por última vez la esperanza de encontrar a sus hijos con vida.

  • Alejandra Cruz: Busca a su hijo desaparecido hace cuatro años en San Juan de Ocotán. Al pisar el rancho, Alejandra sintió una conexión física y espiritual: una placa quirúrgica mencionada en las carpetas de investigación coincide con la que ella misma compró para la cirugía de su hijo. “Algo me jalaba para que no me fuera”, relata con la firme promesa de no detenerse hasta encontrarlo.
  • Norma Moya: Busca a Luis Fernando, desaparecido en Arandas por policías municipales. Norma ha aprendido a diferenciar el olor de la muerte humana de la de animales y a identificar la tierra removida que oculta fosas. Denuncia que, tras dos años, la Fiscalía pretende archivar su carpeta, un acto que califica como desesperante.
  • Montserrat Yera: Busca a su esposo desde agosto de 2021. Montserrat describe el rancho como un sitio donde se sentía la tortura en cada rincón. Asegura que la Fiscalía resguarda el lugar no para investigar, sino para “impedirles buscar la verdad” y silenciar sus exigencias.
  • María Trinidad Castillo: Ella describe el olor a muerte que persiste en el sitio y el miedo que provoca regresar a un lugar donde se encontraron altares a la Santa Muerte y restos óseos calcinados. “Nada ha cambiado, el gobierno no hace nada”, sentencia mientras recuerda que su hijo desapareció tras salir al centro con una supuesta amiga.
Otoniel Martínez regresó a Jalisco para hablar con las madres buscadoras que sufrieron el descubrimiento del Rancho Izaguirre
Otoniel Martínez regresó a Jalisco para hablar con las madres buscadoras que sufrieron el descubrimiento del Rancho Izaguirre

El estado actual del Rancho Izaguirre

A un año del hallazgo, la vigilancia oficial permanece, pero para las familias de las víctimas, la justicia sigue ausente. Aunque se detuvo a 10 personas inicialmente y se desencadenó una ola de investigaciones, las madres denuncian que las evidencias han sido movidas y que ya no hay nada en el sitio que les permita identificar las pertenencias de sus seres queridos.

El Rancho Izaguirre se mantiene como un recordatorio brutal de la deuda histórica del Estado con los desaparecidos en Jalisco. Mientras el gobierno federal y estatal mantienen el resguardo, las madres continúan recorriendo barrancas, cerros y casas abandonadas, guiadas por reportes anónimos y el amor que no caduca.

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