Hace casi un año, el descubrimiento del Rancho Izaguirre destapó una de las imágenes más crudas de la crisis forense en Jalisco : crematorios clandestinos, montañas de huesos y prendas de víctimas.
Sin embargo, a diez meses de aquel horror , el escándalo ha mutado. Hoy la noticia no es el hallazgo, sino el abandono total. El colectivo Guerreros Buscadores de Jalisco denuncia que las autoridades han dejado perder la evidencia de un sitio que, aseguran, escondía atrocidades mucho peores que fosas comunes.

“No era solo un cementerio": Trata y órganos
Indira Navarro, líder del colectivo, tuvo acceso a la carpeta de investigación en su momento y hoy rompe el silencio sobre por qué urge seguir procesando la zona. Según su testimonio, el Rancho Izaguirre era un centro de operaciones criminales complejas.
“Hay un tema muy delicado que todavía está por investigarse: el tema de órganos... los quemaban, los mutilaban. Yo sé lo que había: reclutamiento forzado, asesinatos, canibalismo, trata... todo eso existía realmente en el rancho”, reveló la activista.
La denuncia es clara: al abandonar el sitio, la autoridad no solo deja cuerpos sin identificar, sino que entierra las pistas de una red de tráfico de órganos y rituales atroces.
Drones de FIA exhiben la mentira oficial

Aunque las autoridades aseguraron recientemente que el lugar estaba siendo intervenido nuevamente, las cámaras de Fuerza Informativa Azteca (FIA) probaron lo contrario.
Un sobrevuelo con dron reveló que el predio está intacto y abandonado, cubierto por pasto crecido. No hay peritos, no hay cintas de trabajo, solo silencio. Lo único que permanece activo son los retenes policiales en los alrededores, que impiden el paso a la prensa y a las familias, pero no trabajan en la búsqueda.
Para Raúl Servín, integrante del colectivo, la inacción se siente como un bloqueo deliberado.
“Se va a cumplir un año... Un año en que ya hubiéramos podido localizar los demás cuerpos. Desgraciadamente, el gobierno federal nos detuvo”, lamentó.
Mientras el pasto crece sobre los hornos y los restos óseos que faltan por recuperar, las familias advierten que el silencio institucional no borrará la verdad: en el Rancho Izaguirre quedan muchas respuestas que la sociedad necesita escuchar.