Para las personas que padecen de una mente hiperactiva, el ruido marrón puede ser la respuesta a su ansiedad nocturna al momento de apagar la luz y no poder dejar de pensar para poder dormir y descansar, lo cual resulta muy frustrante.
De acuerdo con expertos, esto ocurre porque al desaparecer los estímulos del día, el cerebro entra en un bucle de rumia cognitiva tensional, disparando pensamientos caóticos, listas de pendientes y preocupaciones abstractas que mantienen al sistema nervioso en alerta biológica.
En la búsqueda de herramientas auditivas para mitigar este ruido mental, el clásico ruido blanco ha sido destronado por una frecuencia acústica drásticamente más profunda y eficiente como el ruido marrón o brown noise.
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¿Qué es el ruio marrón?
El ruido marrón se llama así por el botánico Robert Brown, quien descubrió el movimiento browniano, o el patrón aleatorio con el que se mueven las partículas en un fluido.
En la ingeniería acústica, este sonido se caracteriza por una densidad espectral donde la energía disminuye a medida que la frecuencia aumenta.

El resultado es un sonido profundo, pesado y sordo que emula el estruendo de una cascada lejana, el viento soplando con fuerza a través de un cañón o el rugido interior de la cabina de un avión comercial.
¿Cómo ayuda el ruido marrón a calmar una mente hiperactiva?
En general, estos sonidos ayudan a que el cerebro bloquee todas las posibles distracciones que se encuentren alrededor. Es como una especie de manta o cortina de sonido continuo y plano que envuelve la habitación y evita que puedas percibir las microalteraciones del entorno doméstico.
Una mente hiperactiva opera por las noches bajo ondas beta de alta frecuencia. La naturaleza matemática y monótona del ruido marrón induce un proceso de arrastre cerebral o entrainment.

Al escuchar este sonido profundo de manera sostenida, el cerebro empieza a imitar la frecuencia baja del estímulo auditivo, disminuyendo su ritmo eléctrico y facilitando la transición hacia las ondas alfa de relajación y posteriormente a las ondas delta, que son indispensables para la fase del sueño profundo.
