Un altar de Día de Muertos con siete niveles representa los estadios que el alma debe atravesar para llegar al descanso o a un lugar de paz después de la muerte. Esto forma parte de las creencias y prácticas que se han mezclado en México a lo largo del tiempo, entre las tradiciones indígenas mesoamericanas y las influencias católicas incorporadas durante la época colonial.
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El altar de muertos no tiene una estructura única en todo México. Su composición, el número de niveles y los elementos que se colocan varían según la región, la comunidad y las costumbres familiares. El Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) ha documentado la diversidad de las celebraciones del Día de Muertos, reconocidas por la UNESCO como parte del patrimonio cultural inmaterial de la humanidad.
¿Qué representan los siete niveles de un altar de Día de Muertos?
La explicación de los siete niveles suele vincularse con la idea de un camino espiritual que el difunto debe recorrer. Una interpretación popular relaciona los pisos con etapas o espacios del tránsito del alma.
En algunas versiones, se mencionan pruebas, aprendizajes o pasos que la persona fallecida debe superar antes de alcanzar el descanso. Estos son los significados simbólicos que suelen atribuirse a un altar de siete niveles:
- Imagen de un santo o figura religiosa (como Jesús o la Virgen María)
- Dedicado a las ánimas del purgatorio
- Sal, símbolo de purificación para las almas de los niños
- Pan de muerto, ofrecido a quienes regresan del más allá
- Comida y bebida favorita del difunto
- Fotografías de los familiares fallecidos
- Una cruz hecha con semillas, frutas o pétalos de cempasúchil
Es importante distinguir esta interpretación de otros modelos de ofrenda. En algunos lugares se elaboran altares de dos niveles, que representan el cielo y la tierra; en otros se utilizan tres niveles, vinculados simbólicamente con el cielo, la tierra y el inframundo.
¿Qué elementos se colocan en un altar de siete pisos y cuál es su significado?
Los objetos que forman parte del altar tienen una función simbólica y afectiva. El Instituto Nacional de los Pueblos Indígenas (INPI) ha difundido información sobre la diversidad de las prácticas relacionadas con el Día de Muertos y las ofrendas, en las que los alimentos, las flores y otros elementos cumplen funciones vinculadas con la memoria y la bienvenida a los difuntos.
- La fotografía del difunto: identifica a la persona a quien está dedicada la ofrenda y centra el homenaje familiar.
- Las veladoras: se asocian con la luz y la guía simbólica para el camino de las almas. Deben colocarse en un lugar seguro, lejos de papel, flores secas y otros materiales inflamables.
- El agua: suele representar la bienvenida y la posibilidad de saciar la sed del difunto durante su visita simbólica.
- El copal o el incienso: su aroma y humo forman parte de diversas prácticas ceremoniales y pueden relacionarse con la purificación o la conexión espiritual, según la tradición.
- Las flores de cempasúchil: su color y aroma tienen un papel destacado en muchas ofrendas. En algunas costumbres se utilizan para marcar un camino hacia el altar.
- La comida y las bebidas: se colocan como una muestra de afecto y como una forma simbólica de compartir con los seres queridos fallecidos sus alimentos preferidos.
- El papel picado: aporta color y movimiento a la ofrenda y puede representar el aire, además de formar parte de la decoración tradicional.
El Día de Muertos fue inscrito en 2008 por la UNESCO en la Lista Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad. La organización reconoce que esta celebración reúne prácticas rituales, tradiciones y expresiones culturales mediante las cuales distintas comunidades mexicanas recuerdan a sus familiares y personas queridas fallecidas.
