Los especialistas afirman contundentemente que envejecer es inevitable, pero se puede frenar, y que nunca es demasiado tarde para modificar de forma drástica las condiciones en las que alcanzaremos la madurez.
A medida que la esperanza de vida se incrementa a nivel global, el interés por la longevidad ha dejado de ser un tema exclusivo de la tercera edad para convertirse en una preocupación cotidiana de jóvenes y adultos.
Sin embargo, en torno a este proceso biológico suelen convivir dos grandes mitos: el primero, la idea resignada de que el deterioro físico es cosa de la edad y nada se puede hacer; el segundo, la creencia errónea de que envejecer es un mal que se puede detener o remediar por completo.
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La regla del 20%: Tus hábitos pesan más que tus genes al envejecer
Uno de los datos más reveladores compartidos por la Sociedad Española de Medicina Antienvejecimiento y Longevidad, es el impacto de la herencia familiar.
Contrario a la creencia popular de que el destino de nuestra salud está escrito en el ADN, la genética influye solo en un 20% en el envejecimiento saludable para la población general.
Dado que la gran mayoría de la población recibe una herencia genética normal, el esfuerzo, la prevención y la constancia en el estilo de vida son obligatorios para mantener el organismo en óptimas condiciones.

Los 5 pilares prácticos para envejecer mejor
Para conservar la reserva funcional de las células y retrasar los signos del envejecimiento, los divulgadores y profesionales de la salud coinciden en que la prevención estructurada es la única vía efectiva.
Llevar una alimentación variada y rica en nutrientes, darle importancia a mantener un descanso reparador, diseñar rutinas de ejercicio centrados en la movilidad y el entrenamiento de fuerza, desarrollar herramientas psicológicas para gestionar el estrés y tener relaciones sociales sólidas, ayuda a mantener una buena salud durante el envejecimiento.

Además, más allá de la alimentación y los gimnasios, existe un componente intangible pero determinante: la mente. Las investigaciones apuntan a que la actitud ante el paso del tiempo define la experiencia biológica.
Asumir que envejecer es una fase vital natural con sus propias ventajas e inconvenientes puede ayudar a registrar una mejor calidad de vida.






