Cuando todo parecía decidido y los peones ya estaban prácticamente definidos, La Bea dio un giro inesperado y poderoso: decidió no mandar a nadie y ocupar ella misma el establo.
Cuando todo parecía decidido y los peones ya estaban prácticamente definidos, La Bea dio un giro inesperado y poderoso: decidió no mandar a nadie y ocupar ella misma el establo.