Un gato comenzó a mostrar cambios inusuales en su comportamiento y, después de varios estudios veterinarios, los especialistas descubrieron que tenía un tumor cerebral. El caso llamó la atención porque las primeras señales no fueron necesariamente los síntomas físicos que suelen relacionarse con una enfermedad neurológica, sino modificaciones en su actividad cotidiana, sus interacciones y sus hábitos.
El caso fue documentado en un artículo publicado en Journal of Veterinary Behavior, disponible en ScienceDirect. Según el reporte, una gata doméstica de siete años presentó durante diez meses una disminución del juego, cambios en su interacción social, alteraciones del sueño y del aseo, además de vocalizaciones y movimientos repetitivos. Una resonancia magnética permitió identificar un tumor en la hipófisis, una glándula ubicada en la base del cerebro.
¿Qué comportamientos extraños presentó la gata?
Entre las señales que preocuparon a sus cuidadores estaban la reducción de su actividad, una menor respuesta a los estímulos y cambios en sus hábitos de eliminación. También caminaba repetidamente, daba vueltas y vocalizaba de manera inusual. Aunque la evaluación neurológica inicial no mostró alteraciones evidentes, los cambios progresivos llevaron a los especialistas a investigar posibles causas médicas.

¿Cómo descubrieron que tenía un tumor cerebral?
El diagnóstico se obtuvo mediante una resonancia magnética, que permitió identificar una masa en la región de la hipófisis. Los veterinarios consideraron que probablemente se trataba de un macroadenoma hipofisario. Este caso mostró que una enfermedad cerebral puede manifestarse principalmente a través del comportamiento, incluso cuando una exploración neurológica inicial parece normal.
De acuerdo con información de UNAM Global, los tumores cerebrales también pueden afectar a perros y gatos, especialmente conforme envejecen. Entre las señales que requieren atención están los cambios de conducta, la falta de coordinación y caminar en círculos. Para confirmar un diagnóstico, el médico veterinario puede solicitar estudios de imagen, como una resonancia magnética o una tomografía.

¿Qué ocurrió después del diagnóstico?
La gata recibió radioterapia estereotáctica, además de medicamentos y ajustes en su entorno. Según el reporte, sus comportamientos anormales mejoraron de manera significativa y la evolución favorable se mantuvo durante 23 meses antes de que reaparecieran algunos signos.






